lunes, 16 de abril de 2012
Drogas en la Cumbre
Entre fanfarrias de gloria los países americanos sepultaron ayer en Cartagena de Indias el cadáver de cuatro décadas de lucha contra las drogas.
El presidente Barack Obama, de Estados Unidos, quiso darle un carácter festivo al
velorio proclamando antier, 14 de abril, Día Panamericano, y ya encarrerado decidió
panamericanizar toda la semana con la promesa de su compromiso y el “orgullo de
celebrar este legado de asociación internacional… renovaremos los lazos de
amistad y responsabilidad que nos unen con un propósito común”.
Veterano testigo de todas las cumbres latinoamericanas, sus palabras me recuerdan la
primera, julio de 1956 en Panamá, donde su antecesor Dwigh Eisenhower, escoltado por
John Foster Dulles, secretario de Estado, se juntó con colegas tan distinguidos como
Fulgencio Batista, Héctor Bienvenido Trujillo, Carlos Castillo Armas, Alfredo Stroessner y otros ejemplares de esa fauna que parecía en peligro de extinción, adornada como cereza del pastel por Tacho Somoza el viejo, cuatro meses antes de su asesinato, a quien le oí defender “los sagrados principios de libertad y
democracia que nos son comunes”.
Tal cinismo dejó pasmados a Juscelino Kubitschek, Pepe Figueres y Adolfo Ruiz Cortines, democráticas excepciones en la mezcolanza de tiranías,
repúblicas bananeras y retórica tropical presagiosa de la realidad mágica, pálido
producto de la imaginación ante la verdad histórica.
Este fin de semana, casi seis décadas después, 33 jefes de Estado, 10 más que entonces,extendieron el certificado de defunción de la guerra antidrogas y examinaron la posibilidad de legalizar algunas, empezando por la mariguana y la cocaína, con la idea de preparar una propuesta ante Naciones Unidas para cambiar la estrategia fallida y buscar otros escenarios más eficaces, por lo menos con mayores posibilidades de vencer al enemigo. O de aprender a vivir con él.
Mi experiencia no me permite abrigar la mínima esperanza de un acuerdo práctico.
Tantos generales no sirven para sacar a un buey de la barranca. La vistosa tribuna y las relumbrosas personalidades obligadas a escucharse unas a otras, son influencias
propicias a la trivialidad de la frase rimbombante y hueca. En el mejor de los casos
son oportunidades de llevar agua a su molino, poses explotables en el enanismo de la política regional donde un “yo le dije a Barack” todavía apantalla a los adictos a las telenovelas.
Al amparo del desorden provocado por un aguacero torrencial me colé ese día al segundo piso del Palacio de las Garzas. En uno de sus salones todos los jefes de Estado clausuraban los trabajos firmando un documento que pasaba de mano en mano. En realidad sumaban 23 los documentos iguales que no alcanzábamos a ver con detalle mientras circulaban y se iban llenando de firmas. Corrió el rumor de que eran pergaminos donde se contenía la esperada Declaración de Panamá 1956, texto en que las generaciones venideras habrían de refrescar por los siglos de los siglos sus convicciones de justicia y libertad. Cuando el carrusel detuvo su giro las plumas se
ofrecieron como regalo para museo, los firmantes se dieron la mano y estalló un gran
aplauso con el que se felicitaban a sí mismos por el éxito de sus desvelos.
Fue entonces cuando, aprovechando el descuido de los jerarcas, algunos periodistas
logramos ver de cerca lo firmado. Eran planillas de timbres de correo, colecciones de
las estampillas que el gobierno panameño había puesto a la venta en recuerdo de la
junta, un gracioso souvenir con autógrafos que, de regreso a casa, los agasajados
regalarían a sus esposas o a los niños siempre tercos en el qué me trajiste, papá. Fue lo único firmado en esa reunión continental, evocadora, como insistieron los discursos, de la primera vez en que Simón Bolívar soñó el sueño de la unidad americana.
Escribo este Bucareli poco antes del cierre de la junta de Cartagena de Indias; ignoro los acuerdos alcanzados por tan conspicuos concurrentes, pero no les envidio las utilidades. Mientras el mayor consumidor de las drogas sea al mismo tiempo el gran proveedor de armas para los traficantes, poco o nada se logrará de esta y todas las juntas futuras. Los 50 mil muertos, 70 mil desaparecidos, 500 mil desplazados y más de cien millones de los demás mexicanos, empobrecidos y asustados, irán
acostumbrándose a las ejecuciones colectivas, asesinatos de inocentes, decapitación y
descuartizamiento de familias enteras, como si eso fuera la forma de vida normal.
De tanto esfuerzo desperdiciado rescatamos la belleza del sitio escogido, Cartagena de Indias.
Me apunto para la próxima reunión si es en Río de Janeiro. Propongo el Centro Histórico de la Ciudad de México, cada vez más hermoso. Y me queda más cerca.
Jacobo Zabludovsky
sábado, 7 de abril de 2012
México, ¿Estado laico?
En estos días se debate mucho acerca de la visita papal junto con la reciente aprobación de la reforma al artículo 24 Constitucional que algunos dicen ha sido hecha “a modo” de la iglesia católica. Muchas de estas afirmaciones han sido hechas sin conocimiento de causa más para generar especulaciones que para aportar propuestas o soluciones.
¿Qué es lo que la reforma plantea? Antes que nada, cabe señalar que aún no es una reforma constitucional, se trata de una minuta aprobada por la Cámara de Diputados y que para ser una realidad debe ser aprobada por el Senado y más tarde por más de la mitad de los Estados de la República. La reforma en sí misma contiene aspectos que son muy positivos como lo es la libertad de convicciones éticas, de conciencia y de religión. Este aspecto es muy importante y poco se ha hablado del mismo: la libertad de conciencia. Con esta libertad se permitiría disentir de aquellas convicciones morales o religiosas frente a las que uno puede no está de acuerdo y, dentro del respeto a los derechos de los demás. La libertad de conciencia permitiría, por ejemplo, no hacer el servicio militar a alguien para quién la paz es un valor absoluto y por tanto, está en desacuerdo a prepararse en el uso de las armas o bien, a aquellos médicos para los que un aborto es contrario a sus valores morales. Como se aprecia, es una libertad muy importante que se funda en las concepciones morales de cada persona.
Además, la reforma en comento señala el derecho tanto a tener como a no tener religión al señalarse que el Congreso no podrá dictar leyes que establezcan o prohíban religión alguna. Lo controvertido, en todo caso, de la reforma es que habilita la celebración de actos religiosos tanto en público como en privado (sujetándose a una ley reglamentaria) y esto es algo que ya existía al menos en los hechos, pero no jurídicamente dado que esto se encontraba prohibido.
Las celebraciones públicas de actos religiosos se encuentran prohibidas actualmente en nuestro país ante el supuesto “laicismo” del Estado pero los hechos contrastan con esta prohibición legal y además, nos dan cuenta de que nuestro Estado, aunque jurídicamente es laico, se inclina por la religión mayoritaria de la población y esto resulta a todas luces injusto para las demás religiones profesada en nuestro país.
Tan sólo apreciemos la gran importancia que se le da al Cardenal de México en sus declaraciones y que son transmitidas por todos los medios de comunicación y su amplio espectro de influencia entre la población. Por si fuera poco, las festividades de la religión católica también se convierten en días de asueto nacionales como la Semana Santa, el 12 de diciembre y el 24 de diciembre. Estas son fechas de la mayor importancia para los católicos y que el Estado ha hecho suyas declarándolas días de descanso nacional. No obstante, no ocurre así con las demás festividades de otras religiosas como el mes del Ramadán de la religión musulmana o el “Shabbath” que es el día de descanso judío.
Por si fuera poco, hemos presenciado con descaro como los últimos gobiernos de México han demostrado su desprecio para con las religiones minoritarias y su entrega hacía el catolicismo, basta apreciar el evento tan recordado donde el ex presidente Vicente Fox se inclina y besa el anillo del Papa Juan Pablo II.
No se trata de criticar a la religión católica sino de formar un Estado realmente laico en donde la religión no interfiera con los asuntos políticos y en donde el Estado no se incline en la defensa y promoción de una determinada religión. La religión constituye uno de los derechos fundamentales de los individuos y la libertad de creencias ha sido una de las grandes conquistas que a costa de sangre, esfuerzos y sufrimientos ha conseguido la humanidad. No fueron pocos los que dieron su vida por un Estado en donde la religión no constituyera el centro determinante de todas las decisiones, por hombres como Juárez podemos hoy discernir sobre múltiples aspectos entre las religiones y vivir en una sociedad inclusiva donde profesar o no una determinada religión no constituya una característica determinante para catalogar a alguien como mejor o peor.
La religión es la manifestación de una determinada cultura, por tanto, las distintas religiones representan la gran cantidad de manifestaciones culturales existentes. Si algún valor tiene la libertad de creencias, como derecho humano, es el reconocimiento de la infinita cantidad de religiones existentes y el igual valor de las mismas. En la libertad de creencias lo que se protege es precisamente lo diverso y lo que se garantiza es que tanto lo que yo pienso, o en lo que yo creo tenga el mismo valor que lo que piensa o en lo que cree otra persona y esto resulta ser de una importancia fundamental pues nos habla de una concepción multicultural de los derechos humanos en donde todo lo distinto puede tener cabida y sin que una concepción se imponga sobre la otra, garantizando el igual valor de las diferencias de identidades traducidas en la diversidad de las personas y sus culturas.
Por Mario Smith.
domingo, 1 de abril de 2012
La sociedad de las redes y el vacío
El filósofo francés Gilles Lipovetsky, explica cómo Facebook y Twitter han llegado para llenar esa sensación de vacío de la sociedad moderna
CIUDAD DE MÉXICO, 1 de abril.- La semana pasada pude platicar largo con Gilles Lipovetsky, uno de los más representativos y agudos filósofos de nuestros tiempos. Autor de clásicos como La era del vacío, La felicidad paradójica y La tercera mujer, entre otros, se ha convertido en uno de los pensadores más lúcidos de nuestros tiempos. Una referencia obligada para entender la modernidad, la posmodernidad y la hipermodernidad en la que nuestras sociedades (y cada individuo que en ella nace, crece, se reproduce y muere), se mueven a una velocidad a veces incalculable.
Un placer poder platicar con Lipovetsky, sus libros (editados en español por Anagrama) son hoy obligados para entender nuestros tiempos, qué es lo que va cambiando en un mundo en el que las cosas van demasiado rápido y cuyos grandes signos de interrogación se encuentran en lo macro, pero también en lo micro de la vida cotidiana.
¿Qué es hoy por hoy “el vacío”?
El vacío actualmente se comprende en tres niveles. El primero tiene que ver con la caída de las grandes ideologías de la modernidad: la Nación, la Revolución, la religión... Grandes ideologías en las que ya prácticamente nadie cree. En segundo lugar y, desgraciadamente, el vacío también en la vida política; porque hoy en día es el mercado y el comercio, la economía de los países, la que acapara toda, toda la plaza y el debate públicos; los políticos tienen cada vez menos y menos posibilidades de cambiar su entorno. Y hay un tercer nivel mucho más inquietante y es que las personas se interrogan cada vez más sobre el sentido de su vida; todas las relaciones son cada vez más complicadas, las personas se separan con completa facilidad. Antes, las personas en sociedad podían detestarse, pero por lo menos estaban juntas. Hoy, los individuos se sienten cada vez más solos y hay una gran necesidad de llenar ese vacío. El fenómeno de las redes sociales como Facebook y Twitter así lo demuestra: que los seres humanos tienen necesidad de llenar ese vacío, tiene necesidad de conectarse, de encontrar la manera de permanecer unidos.
Efectivamente, creo que los seres humanos no soportamos el vacío y de la época en la que fue escrita La era del vacío a nuestros tiempos, muchas cosas han cambiado... Y sí, claramente intentamos llenar ese vacío a través del internet y las redes sociales, pero también con otros fenómenos como el crecimiento de la violencia.
Por supuesto, coincido con usted. Frente a estos nuevos vacíos hay varios tipos de reacciones y es ahí donde yo hablo de una “sociedad paradójica y contradictoria”. Si comenzamos por lo más dramático, el vacío que produce la individualización profunda intenta colmarse o contrarrestarse con el surgimiento de sectas y movimientos extremistas que parecerían tener el mérito –para quienes en ellas militan– de devolver un poco de orden al caos aparente. En sociedades que están fragmentadas las personas se reagrupan en “micro comunidades” que parecerían devolver un poco de sentido y de pertenencia. Ese es el rostro más negativo porque puede generar fanatismo, dogmatismo, terrorismo, que difícilmente son controlables.
Pero hay otras maneras de intentar llenar ese vacío que son un poco más optimistas. Por ejemplo, cada vez más y más individuos están convencidos de que el mero “consumo” no es suficiente para satisfacer sus vidas, que es efímero. Y encuentran otras formas de llenar su existencia: ahora es cuando más personas vemos encontrando vínculos creativos, tomando fotografías –aun cuando sólo sean para Facebook–, escribiendo historias, tomando clases, hacen teatro... Lo que es un hecho es que cada vez más seres humanos experimentan unas profundas ganas de crear, de crear algo que tenga un verdadero significado.
Y ahora que menciona esta dimensión creativa existente en las redes sociales, ¿no podrían representar una trampa, no podríamos estar ante el espejo de Blancanieves?
Ciertamente; las redes sociales tienen ese peligro: el individuo se puede llegar a sentir sobrevalorado por escribir una pequeña frase y la resonancia que ésta pueda tener en las redes sociales; “eres guapo; te ves hermosa; qué bien saliste en la foto”... Ésa es otra de las paradojas de esta sociedad hiperindividualista: que mientras más personas afirman su autonomía, más necesidad tienen de reafirmarla a través de los otros. Su autoestima empieza a depender de un “me gusta” o “no me gusta” en el Facebook.
Sólo hay que mirar alrededor: cuántas personas se han vuelto dependientes del internet: miramos qué sucede cuando el teléfono no sirve; ¡es la nueva cara del pánico! Existo en tanto estoy conectado. Esta es una de las presentes tragedias del individuo: adora gerenciar completamente solo su vida, pero al mismo tiempo eso le resulta insoportable cuando no encuentra ecos, así sean los más frívolos imaginables.
Pareciera, otra vez, el camino de ida y de regreso hacia el vacío.
Y sí; una vez más.
Bueno, es que sus libros son eso: una invitación a pensar a nuestra sociedad, a pensarnos como individuos, a pensar el “yo” en relación con nosotros...
Cuando pienso este tipo de temas intento, sobre todo, evitar el pensamiento apocalíptico. Contrario a lo que con frecuencia hace el “alto pensamiento intelectual”, que tiende a la diabolización de lo que ocurre en el mundo y de la política, yo intento observar la vida cotidiana, el mercado, la existencia de los individuos en sociedad. Alcanzo a ver las paradojas que tienen: las partes negativas, pero también rostros muy positivos.
Por eso he trabajado en asuntos que, generalmente, suscitan el desinterés o el franco desdén de los intelectuales; el cine, la moda, la televisión... Pero estoy convencido de que esos asuntos ameritan ser vistos de otra forma. Yo no espero que me lean creyendo que se van a encontrar con la “obra maestra de la humanidad”; simplemente estoy convencido que son asuntos humanos contemporáneos que merecen el mismo interés que todos los demás. Los individuos no estamos hechos de un solo bloque, de una sola pieza: los seres humanos amamos cosas contradictorias, porque somos en esencia seres contradictorios.
Usted menciona con frecuencia la “alta política”, pero siento que ésa ya no existe... ¿Será que la democracia se parece cada vez más al mercado: que simplemente está dirigida a los consumidores?
Es completamente cierto; la “alta política” se trataba de reivindicar el poder, se trataba de cambiar la historia, se creía que la voluntad del Estado era tan vigorosa que podría cambiar el mundo. Hoy ya nadie lo cree de esa manera. Hoy el Estado ya no entusiasma a nadie; hace falta que exista para que ponga orden, pero ya no genera pasiones. La “corrección política” de la democracia apasiona a muy pocos, ya nadie cree en los “grandes políticos”. El Estado hoy apenas y puede regular a ese otro nuevo gran poder: el mercado. Pero lo muy bueno del momento que vive hoy el Estado es que la democracia obliga a los políticos a acercarse a la gente y a sus causas. Están obligados a hacerlo, están obligados a mostrar empatía por las personas y sobre todo proximidad. Ahora ya no existe ese Estado completamente vertical y alejado de la gente. Los políticos se acercan a la sociedad, quieren acercarse, necesitan acercarse. Y esto, aunque cuesta trabajo entenderlo, está en total correlación con un Estado que tiene muy pocos medios para cambiar la realidad, para cambiar al mundo y que no puede cambiar la historia.
Vemos ahora al mercado como la fuerza suprema, pero también vemos que, a últimas fechas, la sociedad comienza a organizarse de cara a este nuevo supra poder. ¿Cómo ve, por ejemplo, el movimiento de los indignados?
El movimiento de los indignados es una expresión completamente representativa de eso que yo llamo “hipermodernidad”, porque las personas están manifestando su indignación de una manera pacífica, sin ningún tipo de violencia. Buscan reivindicar su lugar en la sociedad sin intentar hacer ninguna revolución, pero al mismo tiempo el problema de los indignados es que no tiene traducción política. Es al mismo tiempo un movimiento muy fuerte, pero completamente débil. Su fuerza radica en todo el potencial que tiene esta gente de cambiar las cosas.
Lo que es sorprendente del movimiento de los indignados es que es completamente pacífico, no llama a la insurrección política ni social; su expresión es muy distinta a lo que ocurría en otros tiempos; el movimiento de los indignados no responde al modelo de la “lucha de clases”. El problema es que este movimiento está completamente dispersado; no tiene un programa y no tiene propuestas concretas. Estamos ante una situación muy delicada porque capitalismo y el mercado han invadido nuestras vidas, pero tampoco hay una alternativa creíble a la economía de mercado. En todo caso, mayor regulación; hace falta regular el mercado.
Y al mismo tiempo –lo ha dicho usted antes–, los pueblos no quieren renunciar ni a la democracia ni a la economía de mercado...
Por supuesto, porque las grandes alternativas ya no existen. Las personas disfrutan vivenciar el consumo, incluso a sabiendas de que el mercado puede ser sumamente cruel. La crisis que el mundo ha atravesado en los últimos años demuestra que si el mercado no está regulado no hay más horizonte que el desastre. El liberalismo no debe solamente apelar al laissez-faire; el liberalismo justamente a lo que llama es al equilibrio. El mercado necesita contrapoderes, ha adquirido un poder exorbitante. El Estado debe recuperar algo de poder; hace falta el mercado porque es el mejor medio para generar riqueza; pero dar demasiada libertad al mercado sólo puede conducir al desastre y al colapso de las economías. Es necesario restablecer equilibrios.
¿La democracia ha terminado por convertirse en una suerte de reality-show?
Si entendemos a la democracia sólo desde su óptica política, efectivamente sobran ejemplos de que se ha convertido en un espectáculo; pero no en todos lados. Por ejemplo si tomas a Berlusconi la respuesta es indudablemente afirmativa, pero si tomas a Angela Merkel, ella no se encuentra en absoluto en la lógica del espectáculo. No todas las democracias operan
bajo el modelo del show business. Y por otro lado, la democracia no es únicamente la labor del gobierno: la democracia también es una forma de vida social. Ahora vemos que la vida asociativa es muy rica en las sociedades que están en democracias avanzadas; pensemos en los movimientos a favor de la ecología, en el voluntariado para ayudar a los pobres, la defensa de los animales, personas que militan para la cultura... La vida de consumo da algunas satisfacciones a los seres humanos pero evidentemente no todas las satisfacciones.
Hoy los individuos ya no quieren militar en partidos políticos; ahora encuentran mucho más atractivo, real y verdadero militar en las asociaciones de personas que comparten sus intereses y sus preocupaciones. Los ciudadanos saben hoy que tienen opciones mucho más concretas para incidir en su vida cotidiana y en la de sus comunidades. Así pues, por un lado la vida democrática, en su expresión electoral, se ha debilitado claramente, pero la vida democrática en su rostro social se ha fortalecido como nunca.
Yuriria Sierra
www.excelsior.com.mx:
sábado, 31 de marzo de 2012
Los dos ratones
Una vez dos ratones, en busca de comida, entraron en un lechería. Se dice que uno era pesimista y otro optimista.
Dando un salto equivocado, los dos cayeron en un gran recipiente de leche.
¿Cómo salir de aquel mar blanco? Las paredes eran demasiado lisas y escurridizas...
Después de largas tentativas, el primer ratón, desilusionado por lo inútil de sus esfuerzos, se abandonó a la suerte y se ahogó.
El otro, sin embargo, no perdió el ánimo y con su buen carácter, mientras nadaba, reflexionaba. Y comprendió una cosa importante.
Si agitaba como un loco la leche, girando y regirando, el líquido se coagulaba.
De esta manera aumentó con mayor velocidad sus movimientos y la leche se convirtió en nata, después en mantequilla.
Puso sus pies sobre aquella porción de mantequilla y finalmente, dando un gran salto, salió del recipiente.
¡Y se salvó!
Staff de Frases y Pensamientos
Dando un salto equivocado, los dos cayeron en un gran recipiente de leche.
¿Cómo salir de aquel mar blanco? Las paredes eran demasiado lisas y escurridizas...
Después de largas tentativas, el primer ratón, desilusionado por lo inútil de sus esfuerzos, se abandonó a la suerte y se ahogó.
El otro, sin embargo, no perdió el ánimo y con su buen carácter, mientras nadaba, reflexionaba. Y comprendió una cosa importante.
Si agitaba como un loco la leche, girando y regirando, el líquido se coagulaba.
De esta manera aumentó con mayor velocidad sus movimientos y la leche se convirtió en nata, después en mantequilla.
Puso sus pies sobre aquella porción de mantequilla y finalmente, dando un gran salto, salió del recipiente.
¡Y se salvó!
Staff de Frases y Pensamientos
martes, 27 de marzo de 2012
Maria y el sexo.
Los hombres que había conocido desde su llegada a Genève hacían de todo para parecer seguros de sí mismos, como si gobernasen el mundo y sus propias vidas; Maria, sin embargo, veía en los ojos de cada uno de ellos el terror a la esposa, el pánico a no conseguir una erección, a no ser lo suficientemente machos ni ante una simple prostituta a quien estaban pagando.
Si fueran a una tienda y no les gustase el calzado, serían capaces de volver con el ticket en la mano y exigir el reembolso. Sin embargo, aunque también estuviesen pagando por una compañía, si no tenían una erección jamás volverían a la misma discoteca, porque creían que la historia ya se habría extendido entre todas las demás mujeres de allí, y eso era una vergüenza.
«Soy yo la que debería tener vergüenza por no ser capaz de excitar a un hombre. Pero, en realidad, son ellos los que la tienen.»
Para evitar estos dilemas, Maria procuraba dejarlos siempre a su aire, y cuando alguno de ellos parecía más borracho o más frágil de lo normal, evitaba el sexo, y se concentraba sólo en las caricias y la masturbación, lo que los dejaba muy contentos, por más absurda que fuese la situación, ya que podían masturbarse ellos solos.
Siempre era preciso evitar que se sintiesen avergonzados. Aquellos hombres, tan poderosos y arrogantes en sus trabajos, luchando sin parar con empleados, clientes, proveedores, prejuicios, secretos, falsas actitudes, hipocresía, miedo, opresión, terminaban el día en una discoteca, y no les importaba pagar trescientos cincuenta francos suizos para dejar de ser ellos mismos durante la noche.
«¿Durante la noche? Maria, estás exagerando. En realidad, son cuarenta y cinco minutos y, aun así, si descontamos el tiempo de quitarse la ropa, ensayar alguna falsa caricia, hablar de algo trivial, vestirse, reduciremos este tiempo a once minutos de sexo propiamente dicho.»
Once minutos. El mundo giraba en torno a algo que duraba solamente once minutos.
Y por esos once minutos en un día de veinticuatro horas (considerando que todos hiciesen el amor con sus esposas todos los días, lo que era un verdadero absurdo y una gran mentira), ellos se casaban, sustentaban a la familia, aguantaban el llanto de los niños, se deshacían en explicaciones cuando llegaban tarde a casa, veían a decenas, centenas de mujeres con las que les gustaría pasear por el lago de Genève, compraban ropa cara para ellos, ropa aún más cara para ellas, pagaban a prostitutas para compensar lo que echaban en falta, sustentaban una gigantesca industria de cosméticos, dietas, gimnasia, pornografía, poder, y cuando quedaban con otros hombres, al contrario
de lo que decía la leyenda, jamás hablaban de mujeres. Charlaban sobre trabajo, dinero y deporte.
Algo iba muy mal en la civilización; y ese algo no era la deforestación amazónica, ni la capa de ozono, ni la muerte de los pandas, ni el tabaco, ni los alimentos cancerígenos, ni la situación de las cárceles, como gritaban los periódicos.
Era exactamente aquello en lo que ella trabajaba: el sexo.
Paulo Coelho
Si fueran a una tienda y no les gustase el calzado, serían capaces de volver con el ticket en la mano y exigir el reembolso. Sin embargo, aunque también estuviesen pagando por una compañía, si no tenían una erección jamás volverían a la misma discoteca, porque creían que la historia ya se habría extendido entre todas las demás mujeres de allí, y eso era una vergüenza.
«Soy yo la que debería tener vergüenza por no ser capaz de excitar a un hombre. Pero, en realidad, son ellos los que la tienen.»
Para evitar estos dilemas, Maria procuraba dejarlos siempre a su aire, y cuando alguno de ellos parecía más borracho o más frágil de lo normal, evitaba el sexo, y se concentraba sólo en las caricias y la masturbación, lo que los dejaba muy contentos, por más absurda que fuese la situación, ya que podían masturbarse ellos solos.
Siempre era preciso evitar que se sintiesen avergonzados. Aquellos hombres, tan poderosos y arrogantes en sus trabajos, luchando sin parar con empleados, clientes, proveedores, prejuicios, secretos, falsas actitudes, hipocresía, miedo, opresión, terminaban el día en una discoteca, y no les importaba pagar trescientos cincuenta francos suizos para dejar de ser ellos mismos durante la noche.
«¿Durante la noche? Maria, estás exagerando. En realidad, son cuarenta y cinco minutos y, aun así, si descontamos el tiempo de quitarse la ropa, ensayar alguna falsa caricia, hablar de algo trivial, vestirse, reduciremos este tiempo a once minutos de sexo propiamente dicho.»
Once minutos. El mundo giraba en torno a algo que duraba solamente once minutos.
Y por esos once minutos en un día de veinticuatro horas (considerando que todos hiciesen el amor con sus esposas todos los días, lo que era un verdadero absurdo y una gran mentira), ellos se casaban, sustentaban a la familia, aguantaban el llanto de los niños, se deshacían en explicaciones cuando llegaban tarde a casa, veían a decenas, centenas de mujeres con las que les gustaría pasear por el lago de Genève, compraban ropa cara para ellos, ropa aún más cara para ellas, pagaban a prostitutas para compensar lo que echaban en falta, sustentaban una gigantesca industria de cosméticos, dietas, gimnasia, pornografía, poder, y cuando quedaban con otros hombres, al contrario
de lo que decía la leyenda, jamás hablaban de mujeres. Charlaban sobre trabajo, dinero y deporte.
Algo iba muy mal en la civilización; y ese algo no era la deforestación amazónica, ni la capa de ozono, ni la muerte de los pandas, ni el tabaco, ni los alimentos cancerígenos, ni la situación de las cárceles, como gritaban los periódicos.
Era exactamente aquello en lo que ella trabajaba: el sexo.
Paulo Coelho
lunes, 26 de marzo de 2012
Para entender el presente es preciso conocer el pasado.
Orígenes de nuestro atraso.
Aquelarre Económico
Para sorpresa de algunos de mis estudiantes, uno de los cursos que dicto en American University titulado La economía política de México en el Siglo XXI, se remonta al análisis de las características principales que diferencian el proceso de colonización en nuestra América ibérica y el de los dominios anglosajones.
La razón para que un curso de temas que no podrían ser de mayor actualidad en nuestras vidas, se remonte a la exploración comparada de lo que ocurrió más de cinco siglos atrás cuando españoles y portugueses llegaron hasta nuestro continente, frente a las acciones de los ingleses que ocuparon la zona septentrional de América, es que el presente no se entiende de otra manera.
Me da mucho gusto que este enfoque lo ratifique el más reciente libro de Daron Acemolgu (con James Robinson), brillante economista turco del MIT, titulado Por qué fracasan las naciones: los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza, en el que afirman, después de comparar las abismales diferencias que hoy existen entre Nogales, Sonora, y su ciudad gemela, Nogales, Arizona:
“¿Por qué las instituciones de Estados Unidos son mucho más conducentes a alcanzar el éxito económico que las de México…? La respuesta a esta cuestión se encuentra en la forma en que esas distintas sociedades se formaron en los albores de su etapa colonial… Para entender sus divergencias debemos empezar en los cimientos mismos de las colonias del norte y las de la América ibérica.”
Para dar respuesta a la pregunta planteada y presumir la calidad de mis alumnos, reproduzco a continuación el ensayo de uno de ellos, circunscrito al caso de la Nueva España:
Los cinco elementos (esenciales) que diferenciaron la colonización inglesa de la española, y que explican sus radicalmente distintas rutas de desarrollo posterior, fueron la religión, la tradición política, la distribución de los recursos naturales, la densidad de la población indígena y la estructura social.
Mientras que los católicos españoles tenía una iglesia que imponía restricciones férreas a los flujos de información e ideas desde Europa a la Nueva España, y también dentro de la propia colonia, los colonos ingleses, protestantes en su mayoría, tenían una estructura religiosa descentralizada que de hecho obligaba a las iglesias a “competir” por sus fieles, y de esa forma creaban desincentivos al fundamentalismo y al radicalismo religiosos (claramente, para quienes deseaban hacer fortuna, había un incentivo evidente a afiliarse a la iglesia que impusiera las menores restricciones a sus actividades).
Con raciocinio similar, mientras que la tradición política española dependía del vasallaje de las comunidades a una autoridad real central, la tradición británica estaba empezando ya a depender de la división de poderes, en adición a que la Corona inglesa estuvo relativamente desvinculada en los inicios de su período de desarrollo. Tal centralización del control político y la regulación económica, reflejadas en crecientes costos de la información, limitaron el desarrollo de la América hispana versus la anglosajona.
Respecto a la distribución de recursos, mientras que los españoles tenían franco acceso a enormes riquezas, los ingleses se vieron forzados a desarrollar recursos dispersos y menos asequibles. De forma similar, mientras que los españoles gozaron de una abundante población indígena que se tradujo en fuerza de trabajo barata, los ingleses fueron confrontados con nativos más escasos y menos susceptibles de dejarse instruir.
Ambos factores alentaron a los ingleses a desarrollar una economía diversificada económica y geográficamente, mientras que en la caso de los españoles los indujeron a concentrarse en producir pocos bienes, sobre la base de una explotación que era políticamente inestable.
Finalmente, la división racial en sus respectivas sociedades fue definitoria, en especial al sobrevenir la independencia. Las colonias inglesas se encontraban unidas como sociedades sobre la base de excluir a la población no-blanca. En ese sentido, su rebelión (contra la Corona inglesa) era una revuelta entre miembros de la misma raza mientras que la insurrección de los novohispanos contra los españoles fue liderada, en su mayor parte, por criollos pero participaron también mestizos e indios. Fue una revolución heterogénea que condujo a una sociedad igualmente mezclada, mientras que la de las colonias inglesas desembocó en una sociedad unificada, que excluyó una proporción elevada de sus habitantes en función de su raza.
No cabe la menor duda que la diversidad de nuestras leyes, instituciones y tradiciones culturales, traducida en una organización política muy diferente, explica en buena medida las diferencias entre el progreso alcanzado en México y Estados Unidos, sobre todo desde la independencia de ambos países.
Lo que hay que explorar, sin embargo, es cómo naciones con nuestra misma herencia e historia han logrado romper el peso de la inercia y han emprendido su acelerada marcha a nuevos y avanzados estadios de desarrollo.
Por: José Manuel Suárez Mier
Aquelarre Económico
Para sorpresa de algunos de mis estudiantes, uno de los cursos que dicto en American University titulado La economía política de México en el Siglo XXI, se remonta al análisis de las características principales que diferencian el proceso de colonización en nuestra América ibérica y el de los dominios anglosajones.
La razón para que un curso de temas que no podrían ser de mayor actualidad en nuestras vidas, se remonte a la exploración comparada de lo que ocurrió más de cinco siglos atrás cuando españoles y portugueses llegaron hasta nuestro continente, frente a las acciones de los ingleses que ocuparon la zona septentrional de América, es que el presente no se entiende de otra manera.
Me da mucho gusto que este enfoque lo ratifique el más reciente libro de Daron Acemolgu (con James Robinson), brillante economista turco del MIT, titulado Por qué fracasan las naciones: los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza, en el que afirman, después de comparar las abismales diferencias que hoy existen entre Nogales, Sonora, y su ciudad gemela, Nogales, Arizona:
“¿Por qué las instituciones de Estados Unidos son mucho más conducentes a alcanzar el éxito económico que las de México…? La respuesta a esta cuestión se encuentra en la forma en que esas distintas sociedades se formaron en los albores de su etapa colonial… Para entender sus divergencias debemos empezar en los cimientos mismos de las colonias del norte y las de la América ibérica.”
Para dar respuesta a la pregunta planteada y presumir la calidad de mis alumnos, reproduzco a continuación el ensayo de uno de ellos, circunscrito al caso de la Nueva España:
Los cinco elementos (esenciales) que diferenciaron la colonización inglesa de la española, y que explican sus radicalmente distintas rutas de desarrollo posterior, fueron la religión, la tradición política, la distribución de los recursos naturales, la densidad de la población indígena y la estructura social.
Mientras que los católicos españoles tenía una iglesia que imponía restricciones férreas a los flujos de información e ideas desde Europa a la Nueva España, y también dentro de la propia colonia, los colonos ingleses, protestantes en su mayoría, tenían una estructura religiosa descentralizada que de hecho obligaba a las iglesias a “competir” por sus fieles, y de esa forma creaban desincentivos al fundamentalismo y al radicalismo religiosos (claramente, para quienes deseaban hacer fortuna, había un incentivo evidente a afiliarse a la iglesia que impusiera las menores restricciones a sus actividades).
Con raciocinio similar, mientras que la tradición política española dependía del vasallaje de las comunidades a una autoridad real central, la tradición británica estaba empezando ya a depender de la división de poderes, en adición a que la Corona inglesa estuvo relativamente desvinculada en los inicios de su período de desarrollo. Tal centralización del control político y la regulación económica, reflejadas en crecientes costos de la información, limitaron el desarrollo de la América hispana versus la anglosajona.
Respecto a la distribución de recursos, mientras que los españoles tenían franco acceso a enormes riquezas, los ingleses se vieron forzados a desarrollar recursos dispersos y menos asequibles. De forma similar, mientras que los españoles gozaron de una abundante población indígena que se tradujo en fuerza de trabajo barata, los ingleses fueron confrontados con nativos más escasos y menos susceptibles de dejarse instruir.
Ambos factores alentaron a los ingleses a desarrollar una economía diversificada económica y geográficamente, mientras que en la caso de los españoles los indujeron a concentrarse en producir pocos bienes, sobre la base de una explotación que era políticamente inestable.
Finalmente, la división racial en sus respectivas sociedades fue definitoria, en especial al sobrevenir la independencia. Las colonias inglesas se encontraban unidas como sociedades sobre la base de excluir a la población no-blanca. En ese sentido, su rebelión (contra la Corona inglesa) era una revuelta entre miembros de la misma raza mientras que la insurrección de los novohispanos contra los españoles fue liderada, en su mayor parte, por criollos pero participaron también mestizos e indios. Fue una revolución heterogénea que condujo a una sociedad igualmente mezclada, mientras que la de las colonias inglesas desembocó en una sociedad unificada, que excluyó una proporción elevada de sus habitantes en función de su raza.
No cabe la menor duda que la diversidad de nuestras leyes, instituciones y tradiciones culturales, traducida en una organización política muy diferente, explica en buena medida las diferencias entre el progreso alcanzado en México y Estados Unidos, sobre todo desde la independencia de ambos países.
Lo que hay que explorar, sin embargo, es cómo naciones con nuestra misma herencia e historia han logrado romper el peso de la inercia y han emprendido su acelerada marcha a nuevos y avanzados estadios de desarrollo.
Por: José Manuel Suárez Mier
viernes, 16 de marzo de 2012
Sentido adiós a MILENIO. Por: Héctor Tajonar
Sentido adiós a MILENIO
La televisora y el candidato tricolor constituyen un binomio político-electoral indivisible y, para muchos, invencible. Los concesionarios de la televisión han pasado de ser soldados del presidente a inventores de presidenciables.
MILENIO
2011-12-21 • Acentos
Apreciado Carlos Marín:
He reflexionado acerca de la breve conversación telefónica que sostuvimos la semana pasada y he tomado la decisión de suspender mi colaboración semanal en MILENIO Diario. Antes de exponer mis razones, quiero agradecerte el haberme invitado hace cinco años y medio a colaborar en este diario después de haber publicado, a solicitud mía y en calidad de columnista invitado, el texto titulado “¿La rebelión de las masas?”, fechado el 16 de julio de 2006. Desde entonces he podido expresar con toda libertad mi visión personal, independiente y crítica acerca del acontecer político nacional. Tu proposición de modificar esas condiciones me obliga a escribir esta carta de renuncia, con la atenta solicitud de que sea publicada en el espacio que tuviste a bien asignarme en Acentos.
Me has pedido que dejara de criticar a Televisa en mi columna, aduciendo que MILENIO Televisión está asociado con esa empresa para sus transmisiones en cable. Comprendo que en la actual coyuntura preelectoral mis puntos de vista puedan resultar disfuncionales para los legítimos intereses empresariales de esta casa editorial. Sin embargo, sabemos que en el ámbito de los medios de comunicación, los intereses empresariales se traducen en políticas editoriales. Ello me impide aceptar tu planteamiento. Permanecer en esas condiciones significaría no sólo coartar mi libertad de expresión sino convertirme en cómplice pasivo de una situación política con la cual no comulgo.
Ha llegado el momento de marcharme. Durante 40 años he estudiado la relación entre el poder político y los medios de comunicación, en especial la televisión, y como sabes trabajé en Televisa durante dos décadas. Por tanto, puedo decir sin el menor asomo de vanidad que cuento con las herramientas teóricas y empíricas para hablar acerca de estos temas con suficiente conocimiento. Así lo he hecho desde la soledad de mi escritorio y mi conciencia en este espacio del que hoy me despido.
Ahora más que nunca cobra actualidad la conocida advertencia de Karl Popper: La televisión se ha convertido en un poder político colosal, el más importante de todos… Se ha vuelto un poder demasiado grande para la democracia. Ninguna democracia puede sobrevivir si no se pone fin al abuso de este poder. Televisa es el ejemplo más claro del abuso de ese poder sin control, su inocultable vínculo con el candidato del PRI representa una burla a las leyes electorales del país y el riesgo de un grave retroceso democrático. La televisora y el candidato tricolor constituyen un binomio político-electoral indivisible y, para muchos, invencible. Los concesionarios de la televisión han pasado de ser soldados del presidente a inventores de presidenciables. Por ello, dejar de criticar a Televisa, como me lo has pedido, equivaldría a dejar de criticar a Peña Nieto. No puedo aceptar el ejercicio de un periodismo amordazado. Interpreto tu exhorto a la autocensura como el resultado de una presión de los estrategas de Peña Nieto, cuya función primordial es cuidar la imagen pública del candidato, la cual ha resultado un tanto dañada en días recientes. Entiendo que les haya incomodado mi texto publicado hace dos semanas en este espacio, titulado “Los dos Peña Nieto”, en el cual menciono que la popularidad del personaje está íntimamente vinculada al secreto mejor guardado por el candidato del PRI: el costo financiero y político de su alianza con Televisa.
Hace seis años, Santiago Creel fue derrotado en la elección interna del PAN por Felipe Calderón debido a que se dio a conocer que, siendo secretario de Gobernación, el delfín de Fox intercambió presencia en la pantalla televisiva por permisos de casas de apuestas para Televisa. Los artífices de esa táctica son los mismos que se han encargado de diseñar la hasta ahora exitosa estrategia de comunicación política de Peña Nieto. Es comprensible que la máxima prioridad de dichos estrategas sea impedir que el fracaso de la alianza de Televisa con Creel se repita ahora con Peña. Si alguien estorba es preciso neutralizarlo.
En consecuencia, se ha recurrido al método del PRI de siempre: cooptar o silenciar. El mismo que usaron antes Echeverría, López Portillo y Salinas. Surge ahora el neoautoritarismo peñista. El episodio del que soy protagonista involuntario constituye un grave precedente de lo que tendríamos si el candidato de la pantalla resultara vencedor en las elecciones del año próximo.
El disenso no debe equipararse con la enemistad.
Felicidades.
Saludos!!!
La televisora y el candidato tricolor constituyen un binomio político-electoral indivisible y, para muchos, invencible. Los concesionarios de la televisión han pasado de ser soldados del presidente a inventores de presidenciables.
MILENIO
2011-12-21 • Acentos
Apreciado Carlos Marín:
He reflexionado acerca de la breve conversación telefónica que sostuvimos la semana pasada y he tomado la decisión de suspender mi colaboración semanal en MILENIO Diario. Antes de exponer mis razones, quiero agradecerte el haberme invitado hace cinco años y medio a colaborar en este diario después de haber publicado, a solicitud mía y en calidad de columnista invitado, el texto titulado “¿La rebelión de las masas?”, fechado el 16 de julio de 2006. Desde entonces he podido expresar con toda libertad mi visión personal, independiente y crítica acerca del acontecer político nacional. Tu proposición de modificar esas condiciones me obliga a escribir esta carta de renuncia, con la atenta solicitud de que sea publicada en el espacio que tuviste a bien asignarme en Acentos.
Me has pedido que dejara de criticar a Televisa en mi columna, aduciendo que MILENIO Televisión está asociado con esa empresa para sus transmisiones en cable. Comprendo que en la actual coyuntura preelectoral mis puntos de vista puedan resultar disfuncionales para los legítimos intereses empresariales de esta casa editorial. Sin embargo, sabemos que en el ámbito de los medios de comunicación, los intereses empresariales se traducen en políticas editoriales. Ello me impide aceptar tu planteamiento. Permanecer en esas condiciones significaría no sólo coartar mi libertad de expresión sino convertirme en cómplice pasivo de una situación política con la cual no comulgo.
Ha llegado el momento de marcharme. Durante 40 años he estudiado la relación entre el poder político y los medios de comunicación, en especial la televisión, y como sabes trabajé en Televisa durante dos décadas. Por tanto, puedo decir sin el menor asomo de vanidad que cuento con las herramientas teóricas y empíricas para hablar acerca de estos temas con suficiente conocimiento. Así lo he hecho desde la soledad de mi escritorio y mi conciencia en este espacio del que hoy me despido.
Ahora más que nunca cobra actualidad la conocida advertencia de Karl Popper: La televisión se ha convertido en un poder político colosal, el más importante de todos… Se ha vuelto un poder demasiado grande para la democracia. Ninguna democracia puede sobrevivir si no se pone fin al abuso de este poder. Televisa es el ejemplo más claro del abuso de ese poder sin control, su inocultable vínculo con el candidato del PRI representa una burla a las leyes electorales del país y el riesgo de un grave retroceso democrático. La televisora y el candidato tricolor constituyen un binomio político-electoral indivisible y, para muchos, invencible. Los concesionarios de la televisión han pasado de ser soldados del presidente a inventores de presidenciables. Por ello, dejar de criticar a Televisa, como me lo has pedido, equivaldría a dejar de criticar a Peña Nieto. No puedo aceptar el ejercicio de un periodismo amordazado. Interpreto tu exhorto a la autocensura como el resultado de una presión de los estrategas de Peña Nieto, cuya función primordial es cuidar la imagen pública del candidato, la cual ha resultado un tanto dañada en días recientes. Entiendo que les haya incomodado mi texto publicado hace dos semanas en este espacio, titulado “Los dos Peña Nieto”, en el cual menciono que la popularidad del personaje está íntimamente vinculada al secreto mejor guardado por el candidato del PRI: el costo financiero y político de su alianza con Televisa.
Hace seis años, Santiago Creel fue derrotado en la elección interna del PAN por Felipe Calderón debido a que se dio a conocer que, siendo secretario de Gobernación, el delfín de Fox intercambió presencia en la pantalla televisiva por permisos de casas de apuestas para Televisa. Los artífices de esa táctica son los mismos que se han encargado de diseñar la hasta ahora exitosa estrategia de comunicación política de Peña Nieto. Es comprensible que la máxima prioridad de dichos estrategas sea impedir que el fracaso de la alianza de Televisa con Creel se repita ahora con Peña. Si alguien estorba es preciso neutralizarlo.
En consecuencia, se ha recurrido al método del PRI de siempre: cooptar o silenciar. El mismo que usaron antes Echeverría, López Portillo y Salinas. Surge ahora el neoautoritarismo peñista. El episodio del que soy protagonista involuntario constituye un grave precedente de lo que tendríamos si el candidato de la pantalla resultara vencedor en las elecciones del año próximo.
El disenso no debe equipararse con la enemistad.
Felicidades.
Saludos!!!
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