viernes, 6 de mayo de 2011

Pedalea.

Colaboración de Jorge Escobar G.

En cierta ocasión durante un seminario para matrimonios, le preguntaron a un hombre:

-'¿Te hace feliz tu esposa?', ... ¿Verdaderamente te hace feliz?

En ese momento la esposa levantó ligeramente  el cuello en señal de seguridad, sabía que su  esposo diría que sí, pues el jamás se  había quejado durante su matrimonio Sin embargo el esposo respondió con un rotundo, No.

El que yo sea feliz o no,no depende de ella, sino de mí.

Yo soy la única persona de quien depende, mi felicidad. 
 
Yo determino ser feliz en cada situación y en cada momento de mi  vida,  pues si mi felicidad dependiera ...de alguna  persona, cosa... o circunstancia. ... sobre la faz de esta tierra, yo estaría en serios problemas. 

Todo lo que existe en esta vida, cambia continuamente. ......  el ser humano, las riquezas,  mi cuerpo, el clima,  los placeres, etc.  Y así podría decir una lista interminable. 
  
A través de toda  mi vida, he aprendido algo; 

Decido ser feliz y lo demás lo llamo...'Experiencias'

amar, perdonar, ayudar, comprender, aceptar,escuchar, consolar.

Hay gente que dice: 

-  No puedo ser feliz ... porque estoy enfermo,  porque no tengo dinero,   porque hace mucho calor,   porque alguien me  insultó,   porque alguien ha dejado de amarme, porque alguien no me valoró...

Pero ...lo que no sabes es que ....PUEDES SER FELIZ...... 
 
 
aunque... estés enfermo, 
  
aunque... haga calor, 
  
aunque... no  tenga's dinero, 
 
aunque ...alguien te  haya insultado, 
  
aunque ...alguien no te amó ,  
  
o no te haya valorado .

La vida es como andar en bicicleta, te caes, solo si dejas de pedalear

miércoles, 16 de febrero de 2011

Subsidiar la educación privada

Ciro Murayama

El presidente Calderón firmó ayer el decreto que permitirá que las colegiaturas pagadas a escuelas particulares, desde nivel preescolar hasta bachillerato, sean deducibles del Impuesto Sobre la Renta (ISR).
En términos económicos, de equidad y educativos, ¿qué implica tal decreto?
En primer lugar, es un subsidio público del que se beneficiarán los padres de familia al corriente de sus impuestos que deciden no utilizar la escuela pública sino el colegio privado, así como los dueños de las escuelas particulares. De hecho, las escuelas privadas podrán seguir cobrando las mismas colegiaturas, pero al final del año los padres recibirán un reembolso del Estado y pagarán menos, ¿quién pone la diferencia entre lo cobrado y lo pagado? Las arcas públicas del país. Por ello, ahora una fracción de la educación privada en México la pagarán todos los contribuyentes, tengan o no hijos en esas escuelas.
Cuando un causante consigue deducciones fiscales y el Estado deja de captar ingresos —pues del ISR que iba a cobrar recibe sólo una parte— el sector público incurre en “gastos fiscales”, que es el nombre técnico al conjunto de excepciones y privilegios fiscales que hacen que México sea un país de muy pobre recaudación. Con el decreto se crea un nuevo “gasto fiscal”.
Como señala el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, en su célebre libro La economía del sector público (Antoni Bosch, Barcelona), la deducción fiscal de las colegiaturas equivale a que “el Estado enviara un cheque por cierta cantidad a los que tuvieran hijos matriculados en escuelas privadas” (p. 420). Por lo anterior, se trata de una medida regresiva, que beneficia a quienes más ingreso tienen y lo pueden gastar en educación privada, pues las clases bajas envían a sus hijos a la escuela pública.
En el anuncio del decreto se dijo que la deducción fiscal “tendrá como límite un monto equivalente al costo promedio por alumno del sistema educativo público a nivel nacional en cada uno de sus niveles”. Con esa fórmula, cada niño en la escuela privada le saldrá más caro al sector público que uno en la escuela oficial. Me explico: hoy brindar educación a un niño más en la escuela pública implica un costo adicional (marginal) muy bajo, pues ya existen escuelas, infraestructura y maestros contratados. En cambio, si la exención se hace por el costo promedio —que es superior al costo marginal en la escuela pública—, por cada niño en escuela particular el Estado dejará de recibir más recursos que los que hubiese gastado directamente en educar a ese niño. Es, así, una medida ineficiente desde el punto de vista del sector público.
En términos educativos, la medida ahonda la brecha entre educación pública y privada, pues esta última ahora recibirá subsidio estatal. Stiglitz señala que el siguiente paso a las deducciones fiscales es la entrega de vales para que los padres paguen la escuela de su gusto; esa fue una idea de Ronald Reagan y es una propuesta del Partido Verde en México, que genera inequidad y fracaso escolar donde se ha puesto en práctica. Pero hoy estamos en esa antesala de dicho escenario.
Sin duda, los padres de familia deben tener garantizado que sus hijos puedan acceder a educación de calidad. Pero la responsabilidad del Estado debe ser ofrecer buena educación pública, como ocurre en Alemania y en los países que mejores sistemas educativos y economías más desarrolladas han construido, y no lavarse las manos dando dinero, así sea indirectamente, a las escuelas particulares para que cumplan con esa misión constitucional.
Mientras en México la educación pública se vea sólo como un lugar para los hijos de los pobres —y no como la opción de calidad que sí fue en el pasado—, y desde el Estado se generen incentivos para que los demás vayan a la particular, la educación pública se seguirá deteriorando. Y cabe recordar que la escuela pública es, también y de manera muy importante, un espacio de socialización y construcción de cohesión social, no una función caritativa del Estado.

Investigador de la Facultad de Economía de la UNAM

lunes, 6 de diciembre de 2010

El futuro de los nietos. Colaboración de Hilda Santacruz.

Leopoldo Abadía (Zaragoza, 1933) es un profesor y escritor español conocido por su análisis de la crisis económica actual.

Leopoldo Abadía (autor de " La crisis Ninja ") dice en su artículo:

Me escribe un amigo diciendo que está muy preocupado por el futuro de sus nietos.
Que no sabe qué hacer: si dejarles herencia para que estudien o gastarse el dinero con su mujer y que "Dios les coja confesados".
Lo de que Dios les coja confesados es un buen deseo, pero me parece que no tiene que ver con su preocupación.
En muchas de mis conferencias, se levantaba una señora (esto es pregunta de señoras) y decía esa frase que me a mí me hace tanta gracia: "qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?"
Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya están crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir "qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?"
Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido:
"y a mí, qué me importa?!"
Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco. Yo era hijo único. Ahora, cuando me reuno con los otros 64 miembros de mi familia directa, pienso lo que dirían mis padres, si me vieran, porque de 1 a 65 hay mucha gente. Por lo menos, 64.
Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa (cosa fundamental, de la que hablaré otro día, que te ayuda a quitarte la boina y a descubrir que hay otros mundos fuera de tu pueblo, de tu calle y de tu piso), se volcaron para que fuera feliz. Y me exigieron mucho.
Pero qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:
1. La guerra civil española
2. La segunda guerra mundial
3. Las dos bombas atómicas
4. Corea
5. Vietnam
6. Los Balcanes
7. Afganistán
8. Irak
9. Internet
10. La globalización
Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un tirón, sin pensar. Si pienso un poco, escribo un libro.
Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo que me iban a dejar? Si no se lo podían imaginar!
Lo que sí hicieron fue algo que nunca les agradeceré bastante: intentar darme una muy buena formación. Si no la adquirí, fue culpa mía.
Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más mínimo.
A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor que me ha escrito y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales. Lo que por ahí se llama "buena gente".Porque si son buena gente harán un mundo bueno.
Por tanto, menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación:
que sepan distinguir el bien del mal, que no digan que todo vale, que piensen en los demás, que sean generosos. . . .
En estos puntos suspensivos podéis poner todas las cosas buenas que se os ocurran.
Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho qué hijos íbamos a dejar a este mundo.
A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar.
Volví a darme cuenta de la importancia de los padres. Porque es fácil eso de pensar en el mundo, en el futuro, en lo mal que está todo, pero mientras los padres no se den cuenta de que los hijos son cosa suya y de que si salen bien, la responsabilidad es un 97% suya y si salen mal, también, no arreglaremos las cosas.
El Gobierno y las Autonomías se agotarán haciendo Planes de Educación, quitando la asignatura de Filosofía y volviéndola a poner, añadiendo la asignatura de Historia de mi pueblo (por aquello de pensar en grande) o quitándola, diciendo que hay que saber inglés y todas estas cosas.
Pero lo fundamental es lo otro: los padres.
Ya sé que todos tienen mucho trabajo,
-Que las cosas ya no son como antes,
-Que el padre y la madre llegan cansados a casa,
-Que mientras llegan, los hijos ven la tele basura, que lo de la libertad es lo que se lleva,
-Que la autoridad de los padres es cosa del siglo pasado.
Lo sé todo. TODO. Pero no vaya a ser que como lo sabemos todo, no hagamos NADA.

Leopoldo Abadía

P. D .
1. No he hablado de los nietos, porque para eso tienen a sus padres.
2. Yo, con mis nietos, a merendar y a decir tonterías y a reírnos, y a contarles las notas que sacaba su padre cuando era pequeño.
3. Y así, además de divertirme, quizá también ayudo a formarles.

sábado, 4 de diciembre de 2010

LA DOCTORA ELIZABETH KLUBER

Colaboración de Jorge Escobar

viernes, 3 de diciembre de 2010

Peña Nieto por Denise Dresser

Tiene la razón la Doctora Dresser, la cuestión es que no hay de donde escoger y lo que hay es un absoluto fracaso.

El copete acicalado.
La sonrisa diamantina.
La novia famosa.
El gobierno dadivoso.
La publicidad omnipresente.
La pantalla alquilada.
La alianza del guapo y los corruptos

Los componentes centrales del modelo de competencia política que el PRI construye y con el cual logra ganar.
Los ingredientes fundamentales de la estrategia que el PRI despliega y con la cual logra arrasar.
Una ecuación cuidada, perfectamente planeada: cara bonita + dinero + televisoras + publicidad + PRI dinosáurico= triunfo electoral.
Una fórmula concebida en el Estado de México y ahora instrumentada exitosamente a nivel nacional.
Una fórmula patentada por los artífices de la "experiencia probada", en busca de algo que puedan vender como "nueva actitud".


El modelo bombón.
El modelo golden boy.
El modelo Peña Nieto.

Con resultados a la vista y confirmados en esta elección.
Distrito tras distrito, presidencia municipal tras presidencia municipal, diputación tras diputación, estado tras estado.
Corredores azules que se vuelven tricolores; bastiones panistas que pasan a manos priístas; territorios del PRD que dejan de serlo.
Guadalajara y Zapopan y Cuernavaca y Toluca y Ecatepec y Tlalnepantla y Atizapan y Naucalpan.


Tan solo en el Estado de México, el triunfo en 40 de 45 distritos electorales. El PRI, beneficiario del voto de castigo por una economía que se contrae más del 7 por ciento.
El PRI, beneficiario de la inseguridad que la popularidad presidencial no logra remediar.


El PRI, beneficiario de un PRD que se devora a sí mismo y un PAN que se traiciona a sí mismo.
Pero más importante aún, el PRI beneficiario de la mejor inversión que ha hecho en tiempos recientes: la campaña publicitaria permanente que lleva a miles de mujeres a exclamar -en mítines de campaña- "Peña Nieto bombón, te quiero en mi colchón".

El Astro boy de Atlacomulco, una criatura concebida por la dinastía política más importante del país que ahora busca dominarlo de nuevo..
El político Potemkin, producto de un entramado de intereses políticos y empresariales que combina la modernidad mediática para llegar al poder, con los viejos métodos para ejercerlo.
El mexiquense metrosexual construido con carretadas de dinero: por lo menos tres mil quinientos millones de pesos en cuatro años de auto-promoción mediática descritos por Jenaro Villamil en su nuevo libro Si yo fuera presidente: el reality show de Peña Nieto.


El posible candidato presidencial, seleccionado, asesorado, y adiestrado por personajes como Arturo Montiel y Alfredo del Mazo y Carlos Salinas de Gortari y ejecutivos de Televisa y muchas manos más que peinan el copete. Venden el producto.
Posicionan la marca.

Enrique Peña Nieto, emulando a diario la estrategia salinista basada en la inauguración de grandes obras y el cumplimiento de pequeños compromisos.
Promocionando a diario la lista de libramientos construidos, tractores regalados, apoyos económicos entregados.
Ejemplo de lo que Octavio Paz llamó el "Ogro Filantrópico"; ese Estado que no construye ciudadanos sino perpetúa clientelas.
Millones de mexicanos educados para vivir con la mano extendida, parados en la cola, esperando la próxima dádiva del próximo político.


Como los nueve mil que se aprestaron a celebrar el cumpleaños de Mario Marín hace unos días y los doscientos que hicieron cola para abrazarlo. Como aquellos para quienes la corrupción se vale cuando es compartida. Como aquellos que volvieron a votar por el PRI en el Estado de México, a pesar de las marrullerías de Arturo Montiel y las marometas llevadas al cabo por su sucesor para encubrirlo.

Enrique Peña Nieto, actor de un espectáculo continuo, perfectamente producido, escenificado y actuado en la pantalla más grande del país.
El candidato de "El Canal de las Estrellas" que hasta novia le consiguió.
El candidato que las televisoras hacen suyo y se encargan de edificar.

En el que permite que en el estado se hagan lagos particulares para los dueños del canal de las estrellas y demás personajes políticos académicos, permitiendo que se talen miles árboles milenarios, que las autoridades solo desvían su mirada a otros lados y lo hacen por las noches porque así “nadie” se dé cuenta.


Con promoción política disfrazada de infomercial; con paquetes publicitarios que incluyen la compra de entrevistas en los principales noticieros; con la cobertura de un romance que recibe más atención que la guerra contra el narcotráfico; con el silencio televisivo que se guarda sobre el caso de Atenco o los femenicidios en el Estado de México o cualquier tema controvertido que podría evidenciar las fauces del joven dinoaurio.
Hay un Plan de Trabajo que Televisa ha puesto en marcha y cuyas instrucciones Peña Nieto sigue al pie de la letra: te doy la pantalla desde la cual propulsarte y me das una presidencia a la medida de mis intereses.


Un trueque permanente de favores, dinero, gestión política a cambio de impunidad y promoción mediática.
Como advierte Julio Scherer García, la fórmula Peña Nieto es sencilla: comprar el tiempo en la televisión, corromper y corromper, mentir y mentir, aprender que a los aprendices se les puede y debe aprovechar.


Todo para apoyar al joven muñeco, atractivo por su presencia física, a costa de la inteligencia y la pulcritud moral.
Todo para que el poder regrese a las manos de la mafia.
Todo para que el PRI vuelva a Los Pinos.

domingo, 28 de noviembre de 2010

El gran diseño.

ELPAIS.
Hawking planta cara a Dios
Babelia ofrece en primicia un capítulo del esperado libro del científico, 'El gran diseño' (Crítica), donde da las claves del universo y de nuestro lugar en él
WINSTON MANRIQUE - Madrid - 08/11/2010


Venimos de la nada. De un universo que lo contenía todo, y que se crea a sí mismo continuamente, sin la intervención de un Dios. Y la filosofía ha muerto. Estas son algunas de las conclusiones de Stephen Hawking en su último y polémico libro El gran diseño (Crítica) que ha escrito junto al científico Leonard Mlodinov. Aseguran que el Big-Bang es una consecuencia inevitable de las leyes de la física y no de ninguna mente superior. Un asomo a dichas teorías lo ofrece hoy Babelia, en esta edición de ELPAIS.com, al avanzar del primer capítulo que como el Big-Bang contiene las claves de todas las teorías desarrolladas de este esperado ensayo. Además de este adelanto de El gran diseño, que llegará a las librerías el próximo 15 de noviembre, Babelia publicará el sábado un artículo a cargo del científico y académico José Manuel Sánchez Ron.

El nuevo libro del científico británico llega ocho años después de su anterior éxito: El universo en una cáscara de nuez ( Crítica). El astrofísico escribe ahora que "dado que existe una ley como la de la gravedad, el Universo pudo crearse a sí mismo -y de hecho lo hizo- de la nada. La creación espontánea es la razón de que exista algo, de que exista el Universo, de que nosotros existamos. Para eso no es necesario invocar a Dios".

El profesor de Cambridge y autor de Breve historia del tiempo socava argumentos creacionistas. Afirma que el universo no sólo tiene una historia posible. Ante las preguntas que el ser humano alguna vez se plantea, como ¿cuál es la naturaleza de la realidad? O ¿de dónde viene todo lo que nos rodea? Hawking asegura contundente que la filosofía ha muerto porque "no se ha mantenido al corriente de los desarrollos modernos de la ciencia, en particular de la física. Los científicos se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda del conocimiento. El objetivo de este libro es proporcionar las respuestas sugeridas por los descubrimientos y los progresos teóricos recientes".

En ello juega un papel fundamental la que parece ser una teoría definitiva que acabe con el rosario de preguntas una vez que se da respuesta a una de ellas. Es la Teoría M, que "no es una teoría en el sentido habitual del término, sino toda una familia de teorías distintas, cada una de las cuales proporciona una buena descripción de las observaciones pero solo en un cierto dominio de situaciones físicas".

Según esa teoría M, nuestro universo no es único, sino que hay muchísimos universos más que no requirieron de la intervención de ningún Dios o Ser Sobrenatural. Y entra en juego las teorías de espacio-tiempo: "Cada universo tiene muchas historias posibles y muchos estados posibles en instantes posteriores, es decir, en instantes como el actual, transcurrido mucho tiempo desde su creación. La mayoría de tales estados será muy diferente del universo que observamos y resultará inadecuada para la existencia de cualquier forma de vida. Sólo unos pocos de ellos permitirían la existencia de criaturas como nosotros. Así pues, nuestra presencia selecciona de este vasto conjunto solo aquellos universos que son compatibles con nuestra existencia. Aunque somos pequeños e insignificantes a escala cósmica, ellos nos hace en un cierto sentido señores de la creación".

Hacia el final del libro Hawking y Mlodinov reconocen que las leyes de la naturaleza nos dicen cómo se comporta el universo pero no responde a las preguntas de por qué: ¿por qué hay algo en lugar de no haber nada? O ¿por qué existimos?. Y como saben que la respuesta de muchas personas puede ser un Dios que decidió crear todo, afirman que eso desviaría la pregunta a qué o quién creó a Dios. Es decir, volvemos a la pregunta eterna. Los científicos recuerdan, entonces, que nuestras respuestas obedecen o están limitadas por nuestra capacidad cerebral. "Tal como en nuestro universo, en el Juego de la vida la realidad depende del modelo que utilicemos".

sábado, 27 de noviembre de 2010

Solo la Felicidad Posible.

LA FELICIDAD COMO LÍMITE INTUITIVO DE LA POLÍTICA
José Angel Sáiz Aranguren∗
RESUMEN
Para Savater la felicidad se define como lo que merece el hombre que emplea la libertad para hacer
el bien. Esto se explica mediante dos ideas: “ideal ético” y “ser digno de felicidad”. La primera significa
que la felicidad no es un proyecto político, sino una cuestión privada referida al ámbito personal y, como en
Hume; es una labor del deseo, del corazón. El papel de la razón es instrumental; elige los medios. Es
decir, la fuente del deber es el querer, estar vivo, ocupado o ampliar nuestra perfección desde uno mismo.
Ser digno de felicidad significa emplear la libertad para hacer el bien. La felicidad no se conquista, sino
que se encuentra en lo cotidiano; es el telos del deseo. Y si todo esto no funciona, recordemos que la
felicidad es también una forma de memoria, de recuperar la infancia. En definitiva, la felicidad hace que la vida sepa bien.
“La felicidad es lo que merece el hombre que emplea su libertad para hacer el bien;
tal es el axioma ético por excelencia”
F. Savater, FT,147
Al leer el excelente libro de Bertrand Russell, La conquista de la felicidad (LCF),
me llamó la atención una curiosa historia que narra con su singular sentido y con la que me
gustaría comenzar este capítulo.
El mayor ilustrado quizá del siglo XX nos cuenta que “una vez había dos máquinas
de hacer salchichas, perfectamente construidas para transformar el cerdo en los más
deliciosos embutidos. Una de ellas conservó su interés por el cerdo y produjo innumerables
salchichas; la otra se dijo: ¿Qué me importa a mi el cerdo? Mi propio esfuerzo es más
interesante que cerdo alguno. Despreció al cerdo y se dedicó a analizar su estructura.
Privada de su alimento natural, su interior cesó en sus funciones, y cuanto más se estudió,
se encontró más estúpida y vacía. Toda la estructura perfecta con la cual se efectuaba
anteriormente la deliciosa transformación, continuaba, y, sin embargo llegó a olvidarse de
lo que es capaz de hace. Esta segunda máquina era como el hombre que ha perdido el
entusiasmo, mientras que la primera semejaba a quien lo ha conservado (LCF, 153).
Entonces, ¿qué puede hacer la persona que encerrada en sí misma ha olvidado su
entusiasmo?
EL INTERÉS ÉTICO
La Felicidad es, probablemente, una idea tan difícil, abstracta y personal que,
según Savater, “los políticos no se atreven a prometerla directamente en nuestros días” (La
conquista de la felicidad-CF-17-18). Es un concepto tan excesivo que ningún programa
electoral lo incluye. De ahí que la felicidad separa el discurso ético del político. “La ética escribe Savater”-es una cuestión privada referida al ámbito interpersonal, no un
comportamiento público que debe ser sometido a referendo o careo antes usos, pudores y
prejuicios establecidos” (CF,81). Esto último sería la política. El interés político, según la
lectura que hago de la obra savateriana, debe ser algo palpable, exterior y directo. Por
tanto, útil. Debe estar sujeto a una descripción y explicación causal objetiva. El control
social, las leyes impuestas, las formas de representación, los condicionamientos de clase
son producto del interés político. Pero, para Savater, hay un interés que, a diferencia de
los demás, no es visible y éste es el interés ético. Es como “una máscara o desvío de otros
intereses” (op.cit.,26); no pertenece a ese ámbito de la exterioridad al que pertenece la
política. Para desvelar esta incógnita intentemos responder a esta pregunta: ¿Cuál es y
cómo conocemos este interés ético?
En su tiempo, Hume intuyó que “la moralidad es más sentida que juzgada”
(Tratado de la naturaleza humana, III, sección I y II, págs 687-693). Es labor del
corazón, no del juicio; no se encuentran pistas facilitadoras para trabajo del inspector
político, sino que están en el interior de cada persona. En la misma línea, Savater nos
enseña que, si ningún político se atreve a proclamar la felicidad en su ideario, esta postura
al menos tiene una ventaja: “mostrar los límite intuitivos de la política. Pero también la
desventaja y el peligro de los objetivos sombríos que sustituirán a su promesa” (CF, 18).
Para construir un camino humano que se dirija a ese deseado interés ético es
necesario separar la política de la ética. Ya Aristóteles dejó sentado que los humanos
desean en primer lugar y en su interés personal ser felices: la felicidad. Una vez
informados de lo fundamental, tenemos que aprender a reconocer la felicidad: en un
principio la razón es mal camino. Volviendo a Hume, la razón es incapaz de determinar lo
deseable. Su ámbito consiste en detectar la existencia de un fin o un deseo, pero no puede
fundamentar ese orden de fines. Es preciso, para Hume, abrigar un deseo. Pero al mismo
tiempo la razón será de gran utilidad. Orientará, en un papel instrumental, la elección más
adecuada de sus medios hacia la única finalidad deseada: la felicidad. En este sentido,
para Savater el instinto es previa a la razón, pero sus vías pueden y deben ser razonadas.
Aquí la única fuente del deber es nuestro querer, pero éste no puede descartar el análisis y
la comunicación de pareceres, que forman su ilustración. Si somos seres racionales, en la
felicidad debe haber algo racional también. Si uno no se apropia de la vida por medio de la
inteligencia y no madura, nunca huirá de la infelicidad.
Esta idea general expuesta queda reflejada en una anécdota contada por Fernando
Savater: le ocurrió a Lord Russell, cuando un entrevistador perspicaz le pidió que eligiera
“entre aumentar su felicidad y aumentar su conocimiento”. Entonces “el viejo,
genialmente sincero y aristocráticamente por encima de coherencias serviles, repuso tras
un respingo: es curioso, elegiría saber más. Demostrando así que permanecía fiel a la
felicidad y que ésta no es palabra vacía más que para quien no sabe dotarla de contenido”
(Diccionario filosófico –DF-, p336). Tanto para Russell como Savater, cuantas más cosas
interesen a un hombre, mayores posibilidades de felicidad tiene. Escribe el filósofo inglés:
“la vida es demasiado breve para interesarnos en todo, pero está bien que nos interesemos
por todo cuando puede hacernos pasar el tiempo” (LFC, 153) . En la misma línea de
opinión Savater, recordando a Nietzsche, aclara: “más que ser felices, los humanos
quieren estar ocupados” (DF,134). Por tanto, este interés que impide a nuestro
pensamiento encerrarse perpetuamente dentro de sí mismo, es el que necesita la segunda
máquina de la historia inicial (sin duda, esta máquina no escuchó el secreto de Russell para
la felicidad: que tus intereses sean lo más amplios posibles y que tus reacciones hacia cosas
y personas interesantes sean amistosas en vez de hostiles (LCF, 150). Un interés que,
abriéndose al exterior, amplía nuestro campo receptivo y nos hace vernos a nosotros
mismos tal como somos, sin ningún tipo de miedo o de complejos. Como manifestó
Walter Benjamín en Dirección única, “ser feliz significa poder percibir a sí mismo sin
temor”. Esta sigue siendo para Savater (Ética como amor propio-EAP-p.349 la definición
más concisa y menos petulante que conoce.
La felicidad es algo más serio que las cursilerías “hazme feliz, querido” o “eres un
obstáculo a mi felicidad”. Su rechazo es “muestra de salud mental”(CF, 20). Aunque la
felicidad no tiene recetas, avisa de los síntomas de sus contrarios, que se concentran en
torno al sufrimiento. Éste empeora a las gentes y a los pueblos, y por tanto, el ser humano
actúa en representarse la felicidad, no en sufrirla. En esta representación se encuentran la
base de la humanidad, para Savater. Así la felicidad es el esfuerzo para mantenerse vivo y
rechazar todas las miserias que se nos ofrecen para despistarnos, escribe en ese diario
intelectual titulado Sobrevivir. Eric Fromm, comentando el sentido que posee la felicidad
para la Ética Humanista advirtió que “es el criterio de excelencia en el arte de vivir; de
virtud...El gozo es por el contrario la prueba del éxito parcial o total obtenido en el “arte de
vivir” (Ética y psicoanálisis, pp.205-207).
Juan Arias (Fernando Savater: el arte de vivir, p.14) opina que a nuestro filósofo
le gusta citar a Primo Levi cuando afirma que si es verdad que no existe la felicidad
perfecta, tampoco existe la infelicidad imperfecta. A Savater le interesa la “felicidad
posible” (por eso una de sus presentaciones sea como “filósofo de lo posible contra lo
probable” (op.cit.,9). Reflexiona sobre el presente, para buscar lo posible. No sólo se
resigna a lo probable. La felicidad posible es el encuentro con este proyecto en el que
estamos instalados, y nos conduce a una realidad ética que no sirva para juzgar a los
demás, sino para conocerse mejor a sí mismo y para crear la solidaridad humana. En
definitiva, la reflexión sobre la felicidad está demostrando que la moral en Savater es una
“ética de sentido común”, como la define Juan Arias (op.cit., 14). Puede ser un proyecto
inconformista y hasta imposible. Pero aún así, siempre imprescindible, es decir,
irreductible, afirma Savater. (CF,17).
A pesar de todo, la felicidad, por ser un término demasiado genérico y poco
preciso, apenas le sirve a Savater1 “como punto de partida positivo para el estudio de la
génesis de valores, particularmente de valores éticos” (EAP, 34). Para comprender éstos,
preferirá el amor propio como una opción individual del querer. Admitiendo esta postura
referida al origen de los valores sociales, sin embargo, en lo que nos atañe en estos
momentos-que es el límite de la política con la ética-,la felicidad ocupa el lugar principal.
Incluso si queremos apurar o matizar esta opinión, creo que el querer nace, como antes
hemos señalado, como deseo de felicidad. Por tanto, cuando oímos la expresión “quiero
ser feliz”, sabemos que nos estamos alejando de la vida política y nos adentramos en la
búsqueda ética. Porque, insisto, en política no se escucha la palabra “felicidad”. Esos
paraísos de plena felicidad que rezaban las teorías religiosas y las ideologías marxistas
ocurrían una vez superados bien el estadio terrenal para la religión, o bien el estadio
político para los marxistas.
SER DIGNO DE FELICIDAD
La felicidad parece un querer que no brota de ningún derecho, ni convenio, ni está
garantizado por nada ni por nadie. Kant lo expresó espléndidamente cuando dijo: “no
queremos la felicidad, sino ser dignos de ella”. Por tanto, la ética no nos hace felices,
sino dignos de felicidad2. Para explicar esta conclusión, Savater (CF,186) recuerda a Kant
en La idea para una historia universal considerada desde el punto de vista cosmopolita:
“Sólo en la sociedad, y por cierto, en aquella que presenta la máxima libertad y, por eso
mismo, un antagonismo general entre sus miembros, pero que presente también la más
rigurosa determinación y garantía de los límites de esa libertad a fin de que ésta pueda
subsistir junto a la libertad de los demás, sólo en tal sociedad puede ser alcanzado, en la
humanidad, el supremo designio de la naturaleza, a saber: el desarrollo de todas sus
disposiciones”. Porque la libertad persigue esa vía sin fondo que es la felicidad. “La
felicidad-asegura Savater-es lo que merece el hombre que emplea su libertad para hacer el
bien. Tal es el axioma ético por excelencia” (Filosofia tachada –FT-p.147). Axioma en mi
opinión irrealizable, pero deseable, porque en su dificultad o lejanía radica la fuerza de su
deseo. Ser digno de felicidad no es tener derecha a ella, pues, “se trata de lo contrario de
aquello que se consigue o recibe en cumplimiento de un derecho2 (CF, 19). Hay derecho a
1 Aprovechando este “rechazo momentáneo” mostrado por nuestro filósofo quiero recordar unas palabras
pronunciadas por Nietzsche: “¡Qué importa la felicidad!, respondió Zaratustra. Hace ya mucho tiempo que
yo no aspiro a la felicidad, aspiro a mi obra” (Z.321). Más adelante se verá cómo Savater sí aspira y quiere
ser feliz.
2 Véase Savater, Invitación a la ética, 133; Escritos politeístas, 57; El contenido de la felicidad, 19;
Apostatas razonables, 13
la administración de mi infelicidad, pero “no hay tal cosa como un “derecho a la felicidad”
(ib).
Llegando a este punto, me atrevería a decir que para Savater, y a diferencia del
ilustrado Russell, la felicidad no se conquista. “Ser dignos de la felicidad-escribe aquél-no
es tener derecho a ella ni ser capaces en modo alguno de conquistarla-recordemos aquel
beato título del bueno de Bertie Russell: The conquest of happiness”(ib). Para Bertrand
Russel el “carácter ideal” para esa conquista era: vitalidad, valor (capaz de percibir
racionalmente los peligros reales), sensibilidad, inteligencia, libertad, autodisciplina,
veracidad, afecto y simpatía, gusto por el juego, desarrollo de la fantasía (también la
ciencia, puntualiza, estimula la imaginación) y capacidad para la aprehensión y el goce de
la belleza”3. Aunque parezca un carácter muy complicado, en Russell la receta para la
felicidad era muy fácil y descansaba en “cosas sencillas: la casa, la comida, la salud, el
amor, el éxito en su trabajo y el respeto a los suyos. Para algunas personas es asimismo
esencial la paternidad” (LCF, 221) Y tras unas páginas, añade un texto que no puedo dejar
de omitir: “El hombre feliz es el que no siente el fracaso de unidad alguna, aquel cuya
personalidad no se escinde contra sí mismo ni se alza contra el mundo. El que se siente
ciudadano del universo y goza libremente del espectáculo que le ofrece y de la alegrías que
le brinda, impávido ante la muerte, porque no se cree separado de los que vienen en pos de
él. En esta unión profunda e instintiva con lo corriente de la vida se halla la dicha
verdadera” (LCF,226). Es decir, la felicidad se encuentra en lo cotidiano, que es lo más
sencillo y accesible.
Si bien nuestro filósofo admite este carácter feliz de su admirado Russell, en
cambio no se atreve a enumerar o describir ninguna receta hacia la conquista de la vida
feliz. No cree en ellas. Entonces, si la felicidad no es un derecho, ni una conquista, ¿qué
es? Savater encuentra la mejor descripción de felicidad en la definición de éxtasis que da
Valle Inclán en Lámpara maravillosa: “felicidad es el goce de ser cautivo en el círculo de
una emoción pura, que aspira a ser eterna ¡Ningún goce y ningún terror comparable a este
sentir del ama desprendida!” (la infancia recuperada-IR_, p.142). Abarca todo y nada. Es
todo el conjunto de fines( placer, utilidad, etc), pero nos e agota en ninguno de ellos. Nos
estamos acercando a una tarea difícil.
Quizá lo más apropiado sea-como recomienda-acercarse a la felicidad por la vía más
fecunda y transitable posible: “La aproximación por la vía de la exclusión” (EAP,34). Esto
significa intentar disolver los obstáculos que se interponen en nuestro yo, para la felicidad;
apartarse de “aquellas contingencias que no responden al puro respeto a la ley de nuestra
libertad racional” (CF,19). En la obra de Savater los obstáculos principales para la
realización personal son la Religión y el Estado, entendidos como símbolos de salvación.
Sirvan estas palabras de Otto Rank en Verdad y realidad para explicarlo: “Hay que hacer
notar también que felicidad y salvación representan de hecho cosas contrarias (...)Pues el
deseo de felicidad es un punto culminante del individualismo y de su afirmación jubilosa
del querer por la conciencia personal; mientras que la aspiración de salvación busca por el
contrario la supresión de la individualidad, la igualdad, la unidad, la unificación con el
todo” (Savater, EAP, 178).
3 José Luis López Aranguren, “Introducción” a la conquista de la felicidad. p.15
Igual lo incompatible es mi propio y o. Savater recuerda que tanto para
Schopenhauer como para los budistas es “el yo mismo lo que nos hace indignos de la
felicidad” (CF,19). Entonces cobraría sentido aquello de que “la condición de la felicidad
es precisamente ser otro, no ser yo” (El dialecto de la vida-DV-,p.87). Razón por la cual
para ser feliz tendría que quitarme yo. Y sin embargo, “es el yo-postula Savater-el que
quiere ser feliz”(CF,18), y recuerda cómo los Vedas tienen un pensamiento que debe
acompañar a la conducta para alcanzar la felicidad: Tat twan asi¡ Este eres tú
(Schopenhauer: la abolición del egoismo-Sch-p.170). En consecuencia, y según Savater
(CF,20), cuando nosotros decimos “quiero ser feliz”, se quiere decir “quiero ser”-aunque
nunca somos idénticos a lo que ya estamos siendo-. Los académicos dirán aquello de la
unión definitiva del ser en sí y ser para sí. La felicidad se convierte en “el telos último del
deseo” (ib).
Si la felicidad es el resultado de lo quiero y deseo, ¿es un instinto egoísta’
Feuerbach-comenta Savater-se empeño en señalar que el amor a uno mismo se funde sobre
el instinto de felicidad. Entonces “lo que hace al virtuoso practicar la virtud es lo mismo
que hace al vicioso practicar el vicio, a saber, el afán de ser feliz” (A decir verdad-AV-
,p.105). En el fondo no son tan distintos. “El virtuoso será sencillamente un vicioso bien
informado, un vicioso que calcula mejor...”(ib) Esta idea necesita una explicación que
Savater se apresura a brindarnos: “reconocer con abierto impudor el egoísta instinto de
felicidad con ineludible raíz común de hazañas y desafueros, crímenes y rasgos generosos,
no equivale a propugnar el cínico “a fin de cuentas, todo viene a ser igual” (op cit.108).
Como antes señalaba, aunque este instinto es previo a la razón, sus vías se deben razonar,
pues “el principio de la felicidad propia-añadió Kant-es responsable” (op.cit.105). Pero
reflexionar sobre estas palabras es, según mi opinión, darle la razón a Cioran cuando
supuso que “el hombre es un animal demasiado orgulloso para aceptar la felicidad y
demasiado corrompido para despreciarla (De lágrimas y de santos,p.108).
Por si estas reflexiones resultan insuficientes, Savater quiere insistir en el tema,
esta vez desde otra perspectiva. Para ello se pregunta: ¿Qué otra cosa puede ser la
felicidad? Y responde: “la felicidad es una de las formas de memoria” (CF,184).
Recordamos el momento feliz como “aquel en el que nos olvidamos de todo los demás”
(ib). Nos aferramos a su recuerdo porque no hay nada que contar de la felicidad; para la
reflexión resulta opaca. Borges-recuerda Savater-escribió de alguien que “ a veces era
alejado de la metafísica por breves accesos de felicidad (ib). Y Proust comentaba algo
similar: “los pensamientos son sucedáneos de desdichas. La felicidad sería el hueco
retrospectivo en el que carecemos de unos y otras, o sea, un aúreo paréntesis sin mensaje
en nuestro discurso interior (op. Cit., 185).
Con tanta explicación quizá nos olvidamos de que estamos analizando algo
plancentero o, al menos, agradable. Fiel a su carácter, Savater recuerda al implacable
humorista, Joseph Pla, quien reducía la felicidad a la pasta asciutta, el vino de Riesling y
el amor filial. Savater, intenta una enumeración-no menos caprichosa-resaltaría la
expresión artística-como la filosofía-, la cordialidad-la cordialidad-llámese ternura, humor
o lealtad y el coraje-que lo es todo (CF 185).
Son esos momentos de felicidad que Maslow denominó “experiencias cumbre” .
Estos tres instantes sustituyen para Savater el espejismo de la felicidad como proyecto4.
Dicho spinozianamente “el deseo de vivir felizmente, o sea, de vivir y obrar bien, etc, es
la esencia misma del hombre” (Ética, IV, def 21 p267). Y, por tanto, “la felicidad no es
un premio que se otorga a la virtud, sino que es la virtud misma” (op.cit., V, def 42, p 365).
También el ya nombrado }Bertrand Russel identificaba vida feliz y vida buena y confesaba
haber escrito La conquista de la felicidad como un hedonista, como alguien que
“considera la felicidad como el bien” (LCF,225). Y Savater, como admirador destacado de
Spinoza y Russel, postulará: “el ejercicio –del bien-garantiza la felicidad” (Instrucciones
para olvidar el Quijote –Quij-44). Metafóricamente hablando, la felicidad hace que la
vida sepa bien. Y es cierto, la vida con la que estamos satisfechos sabe bien, asegura con
agrado Agnes Séller (Políticas de la postmodernidad, pp.196-197).
Para concluir, cuando a alguien se le escapa un día la pregunta de marras” ¿qué
quieren las personas?”, podemos responder, como hizo Savater en su añorada infancia “ser
felices”. Después, confundidos por su alcance, nos quedaremos pensativos,
preguntándonos qué hacer para conseguirlo. A continuación escucharemos de algún
maestro aquellas palabras pronunciada por Kierkegaard: “la puerta de la felicidad no se
abre, por eso de nada sirve asaltarla y echarla abajo. Se abre después y se ve que no hay
nada que hacer5. Ante semejante duda, encuentro una solución para ser feliz: recuperar la
infancia6. La felicidad viene ligada a la esencia de ser niño. ¿Por qué? Por la sencilla razón
de que para Savater, la felicidad no es un sentimiento como la alegría, sino un estado; un
estado de afirmación vital.
Quisiera acabar como empecé, contando una historia cotidiana; una historia que al
menos verse sobre la felicidad, la sencillez y lo cotidiano, y que sirva de ejemplo a todo lo
expresado en este capítulo7. Russell en La conquista de la felicidad escribe: “Su felicidad
no era debida a emotivos intelectuales, no se basaba en la creencia en la ley natural ni en la
perfectibilidad de las especies, ni en el triunfo final de los adventistas del séptimo día, ni
en ninguna de las creencias que los intelectuales consideran necesarias para su vida. Se
basaba en el vigor físico, en la suficiencia del trabajo y en vencer obstáculos no
4 Una definición muy precisa que recoge esa relación entre virtud, belleza y felicidad aparece en la obra de
Voltaire titulada Rousseau-Voltaire, en torno al mal y la desdicha, cuadno Shaftesbury manifiesta que
“Somos artífices de nosotros mismos, realizamos acciones virtuosas y construimos bellas formas: ese
conjunto es lo que llamamos felicidad” (N.R.15) También, en este sentido, Stendhal manifiesta que “la
belleza es una promesa de felicidad” (Savater, PV, 239) (cva. Mía).
5 Kierkegaard, S. Diapsálmata , BIF, ed. Aguilar, p.29. En Savater, La filosofía tachada (La Voluntad
disculpada) p.149.
6 Savater se descubre cuando confiesa que “se muy bien que el contenido de mi felicidad es en La infancia
recuperada donde lo he expuesto” (IR, 17). Es decir, no lo trata en otras obras más específicas (p.ej.El
contenido de la felicidad), donde estudia el proyecto ético y se pregunta si lo que de verdad quiere el ser
humano es la felicidad. Por lo tanto, el recuerdo de sus lecturas infantiles se convierte en el mejor tratado
sobre la felicidad. Cioran le enseñó, muy oportunamente, que “sólo existe un fracaso: dejar de ser niño
(LS,93). Recomiendo leer el capítulo “La peregrinación incesante” en La infancia recuperada, prestando
atención a las páginas 142 y143.
7 Como dije en este capítulo, la única perífrasis que sustituye, para Savater, a la voz felicidad es “lo que queremos”. De esta forma, y admitiendo que la ética savateriana trata de lo que la persona quiere, no de lo que debe o puede, Savater convierte la felicidad en la finalidad de nuestro deseo.
insuperables en forma de roca. La felicidad de mi jardinero es del mismo tipo, está
empeñado en una guerra sin cuartel contra los conejos, de los cuales habla como se habla
en Scotland Yard de los bolcheviques; (...) A pesar de tener más de setenta años, trabaja
todo el día y va y viene en bicicleta desde su casa, que está a 16 millas; pero la fuente de
su alegría es inagotable, y son sus conejos los que la alimentan” (LFC,140).

Me parece claro aunque hasta cierto punto complejo para el conocimiento y la expectativa cotidiana de la felicidad.

Alex P.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
ARIAS, J. (1996) Fernando Savater: el arte de vivir, Barcelona-España: Planeta.
CIORAN, E. (2998) De lágrimas y de santos. Barcelona-España: Tusquets.
FROMM, E.(1981) Ética y psicoanálisis. México: F.C.E.
HELLER, A. (1989) Políticas de la postmodernidad. Barcelona-España: Península.
HUME, D. (1977) Tratado de la naturaleza humana. Madrid: Ed. Nacional.
KANT, I. (sf) La idea para una historia universal considerada desde el punto de vista
cosmopolita.
KIERKEGAARD, S. (sf) Diapsálmata. Aguilar: BIF.
NIETZSCHE, F. (1990) Así habló Zaratrusta. Madrid: Alianza.
RUSSELL, B.(1997) La conquista de la felicidad. Madrid: Espasa-Calpe.
SAVATER, F. (1972) Filosofía tachada. Madrid: Taurus.
_________(1975) Escritos politeístas. Madrid: Editora Nacional.
_________(1976) La infancia recuperada. Madrid: Taurus.
_________(1976) Apóstatas razonables. Madrid: Mondadori.
_________(1982) Invitación a la ética . Barcelona-España: Anagrama.
_________(1985) El dialecto de la vida. Barcelona-España: Plaza y Janés.
_________(1985) Instrucciones para olvidar el Quijote. Madrid: Taurus
_________(1986) Schopenhauer, la abolición del egoísmo. Barcelona-España:
Montesinos.
_________(1986) El contenido de la felicidad. Madrid: Taurus (El País, 1986).
________(1987) A decir verdad. México: FCE.
________(1988) Ética como amor propio. Madrid: Mondadori.
________(1995) Diccionario filosófico. Barcelona: Planeta.
________(1999) Las preguntas de la vida. Barcelona-Madrid: Ariel.
SPINOZA, B.(sf) Ética. Barcelona-Madrid: Orbis.
VOLTAIRE(1995) Voltaire-Rousseau. En torno al mal y la desdicha. Madrid: Alianza.