lunes, 8 de octubre de 2012


¿Cuántos funerales faltan?

Ciudad de México, México (6-Oct-2012).
La pregunta no es cuántos días le quedan a la administración calderonista, sino cuántos funerales faltan. Con broche de plomo cierra el sexenio.
El autoelogio es el balance de la gestión calderonista, pero la realidad -y la realidad, en estos días, es sinónimo de calamidad- se encarga de poner en su lugar al mandarín y exhibir el desastre que deja por herencia. Muerte sin fin, impunidad inagotable, violencia extrema, ingobernabilidad, secuestro de libertades y derechos y la peor de las certezas: el término de su sexenio no supone el fin de la tragedia.
La caída del telón no podía ser otra. Desde los primeros días, el mandatario renunció a su vocación política para aficionarse por la guerra y, como un aprendiz de brujo, se aventuró en ella creyéndose un gran estratega. No se va un presidente de la República sino un comandante supremo perdido en su laberinto, impedido a declarar: tengo las manos limpias.
En su aturdimiento, construye un memorial sin nombres no para recordar, sino para olvidar lo ocurrido. Afortunadamente su Estela queda como símbolo mayor de su monumental fracaso.
No es para menos, las cosas se hicieron al revés.
El comandante se fue a la guerra sin considerar el estado ni el equipamiento de sus tropas, sin conocer la talla ni el peso del enemigo, sin tener claro el terreno donde libraría sus batallas y olvidándose de convocar a sus aliados para, luego, reclamarles hacer su parte. Se solazó haciendo cualquier cantidad de prisioneros de guerra para, mucho más tarde, darse cuenta de que no tenía dónde ponerlos y carecía del aparato judicial necesario para someterlos al peso de las leyes. Hasta la casaca que un día resolvió vestir le quedó grande.
Una y otra vez desoyó la exigencia de replantear su estrategia porque, por esos días, no faltaron quienes querían ponerle una corona de olivo sobre sus sienes, poniendo en alto su valentía para, mucho después, mirar con asombro la pila de muertos que acumulaba su osadía.
El legado del calderonismo es terrible. El Estado es una quimera en múltiples regiones del país. La democracia lejos de consolidar derechos y libertades fundamentales, los pierde o limita. La inversión requiere considerar los costos extras que la inseguridad provoca o, si se quiere, el impuesto de guerra, el doble tributo establecido por las fuerzas en conflicto. La soberanía se achica frente a acuerdos bilaterales suscritos con Estados Unidos, desconocidos por el Senado de la República, que ni siquiera pregunta a qué agencia pertenecen los oficiales estadounidenses emboscados por la más profesional de nuestras policías.
Lo peor de ese legado es que, en la dinámica del gasto que todo conflicto provoca, se insertó al país en una lógica de guerra, donde de pronto los criminales son el complemento imprescindible de las fuerzas del orden para sostener el ritmo de crecimiento de su presupuesto económico y su peso político. Todo mientras el tráfico de droga se sostiene, el consumo de ellas crece y la actividad criminal se diversifica llevando su negocio al campo de la sociedad. Piso al que no pague el derecho de piso.
Asombra que todavía haya quienes teman una involución política con el regreso del partido tricolor al gobierno, cuando la evidencia es otra: a lo largo de 12 años, el panismo dejó de hacer lo necesario para asegurar la consolidación de la democracia y el fortalecimiento del Estado de derecho y, por acción u omisión, hizo lo necesario para reponer el México bronco que tanto criticaba. Asombra que el comandante no acabe de entender por qué perdió el poder su partido.
Al reclamo de no más sangre, el comandante respondió diciendo no voy a quedarme de brazos cruzados... y, en vez de ocupar a plenitud la residencia de Los Pinos, le tomó gusto al Campo Marte.
Más allá de cuántos funerales faltan para concluir el sexenio, urge saber si el peñismo cuenta con la visión, la estrategia, el equipo y los instrumentos para privilegiar la vida, el derecho, la libertad y el desarrollo por encima de la muerte, la arbitrariedad, el autoritarismo encubierto y el empantanamiento.
Importa porque, aunque ahora, a punto de salir de Los Pinos y del país, el comandante se empeña en diversificar los temas de su agenda para tender un manto sobre el cementerio que lega, el país reclama una visión de Estado para remontar el desastre y la tragedia. Acciones verdaderamente calculadas y estudiadas de corto, mediano y largo plazos para constituir un gobierno de soluciones y salir de la cultura panista de la simple administración de los problemas.
La circunstancia en que Enrique Peña Nieto recibe el país es complicada en extremo. Algunas acciones o iniciativas cosméticas, como las vistas, pueden ser un bálsamo para generar otro ánimo nacional, pero la exigencia es actuar a fondo, rápida y certeramente. A ese complejo desafío se agrega otro: si bien el peñismo hizo suya la elección, nadie salió a celebrar su triunfo. Por el contrario, más han salido a cuestionarlo que a festejarlo. No se ha escuchado el grito de "no nos falles", como se imploró con esperanza pero infructuosamente a Vicente Fox. Es claro, entonces, que el periodo de gracia que se concede a toda nueva gestión es, si existe, mucho más reducido.
El broche con que Felipe Calderón cierra su gestión condena a Peña Nieto a resolver una contradicción: correr con pies de plomo. Pasos firmes y seguros a gran velocidad para gobernar en serio y darle otra perspectiva al país. La operación no es sencilla, sobre todo si, esta vez, no se buscará refugio en los intereses creados sino amparo en la ciudadanía. Enrique Peña tendrá que traicionar a muchas de las fuerzas y los intereses que lo impulsaron si quiere desarmar la estructura de privilegios e impunidades para construir el edificio del derecho, la justicia y el desarrollo.
Insistir en las reformas estructurales en este o aquel otro campo como condición ineludible para actuar, puede no ser la mejor manera de empezar a caminar. Si algo faltó durante los últimos años fue imaginación, osadía y acción política. La ausencia de las reformas estructurales llegó a convertirse en el pretexto para no hacer nada.
Falta tiempo para dar por concluido uno de los más tristes capítulos de la historia reciente del país, pero es menester alentar la idea de realizar la hazaña de recolocar al país sobre los rieles de la concordia para dejar correr el desarrollo político, económico y social, en la vía de la libertad, la justicia y el derecho.

Agencia Reforma  / Por René Delgado / sobreaviso12@gmail.com

miércoles, 20 de junio de 2012

Dario Sztajnszrajber: Vómito de perro (sobre la confesión imposible)

Esta publicación la tome del muro de Maria Cabral en Facebook, fascinante. 
Dicen que la palabra sana, pero a mi las palabras me dan miedo. Dicen que hay que buscar las configuraciones invisibles, pero a mi las construcciones lingüísticas me esclavizan, me someten, me abochornan. Recorrer el habla para poder escuchar no su sentido, sino su sonido. Recorrer el habla no para, o sea recorrerla para nada. ¿Pero por qué la palabra siempre abre nuevas significaciones? ¿Por qué la palabra reproduce más palabras que intentan dar sentido con palabras a lo que se supone que implica otro sentido, otras palabras que no son las que se muestran? Anhelo ese Edén donde las palabras reflejaban la verdadera naturaleza de las cosas, aunque siempre me quedará el sinsabor de no haber podido clasificar a la palabra como una cosa. La palabra no es una cosa, pero las cosas se nos presentan como palabras. Un mundo siempre asimétrico que nos exige poner orden. ¿Pero no es el orden un castigo? En definitiva, ¿qué es una palabra? Si ya la privamos de todo realismo, ¿no es todo lenguaje en algún sentido una confesión? ¿Y no es toda confesión, en otro sentido, la sustanciación de esta puesta que somos y que pretende incesantemente romper la dicotomía entre lo verdadero y lo falso? Pero hay algo peor (o mejor): ¿no es toda confesión, en última instancia, una manera de pedir perdón? Así la ciencia pide perdón por la manipulación de la naturaleza y así el arte pide perdón por hacernos digeribles los sinsentidos. Así la política pide perdón por ocultar las injusticias originarias y así la religión pide perdón por que no hay perdón. No, no lo hay. Nadie termina nunca de salirse de sí mismo, nadie se expropia. Nadie perdona dice Derridá lo imperdonable y por eso el perdón es imposible. Dar es imposible. Los vínculos son imposibles. Lo único posible es parece terminar siendo esta podredumbre que se interioriza en este olor que algunos llaman el yo. Es que la confesión nunca arranca las entrañas, no es entrañable. Nada es entrañable, sino que lo que duele y lo que goza siempre es del otro. La confesión es para otro. Es siempre esa puesta donde se juega la tensión entre lo que ya no quiero ser y lo que ya se que no voy a querer ser mañana cuando lo sea, y sin embargo lo único que importa es que el otro te crea y esa doble mentira (el otro que te miente para que uno se mienta) te transforme. Te convierta. Toda confesión es una conversión, pero nunca es honesta. La honestidad no existe. Honestos son los perros que te chupan porque quieren comer. Lo humano cuando es perro es honesto, pero cuando es humano se confiesa. Toda la cultura es una confesión: lo humano se pide perdón a si mismo, pero incluso ese pedido es siempre parcial. Todo lo imposible se arrastra sobre las posibilidades de lo posible. Vivimos arrepintiéndonos porque todo siempre pudo ser de otra manera, pero la desidia ontológica puede más y uno no mueve o ni siquiera sabe cómo podría hacer para mover. Quedamos perplejos y en esa hiancia empezamos a llorar. Un llanto escondido es siempre una confesión. Sabemos por qué lloramos, pero no lo sabemos con la mente y entonces suponemos que no lo sabemos cuando en realidad lo sabemos porque el saber se mueve por otros lados. Se mueve por lo imposible. Y son esos lados los que desacomodan toda estantería que se mantiene en pie gracias a esos dos pilares en los que uno tanto cree y que un día o un minuto o un segundo, cuando los fuimos a revisitar, ya no estaban. Confieso que creía, pero no se por qué ya no creo más, o más bien paso a creer en otra cosa, ya que la desvinculación absoluta es también una creencia y si dejo de creer en lo que creo es porque estoy creyendo ya en algo más aunque todavía no sepa en qué. Solo debo abrir la boca y vomitar palabras. Solo debo vomitar. A mi las palabras me dan miedo porque todo me da miedo y porque todo es palabra. A mi el vómito me da miedo porque tengo miedo que un día me salga de adentro todo lo que no tengo y que es lo único que desearía seguir sosteniendo. A mí. Necesito confesarme sin ser yo. Creo que la única confesión posible es aquella donde otros hablan por mí. Desde mí. Solo cuando yo me confieso, no me confieso. El vómito también es de los otros. Llegará el día en que por suerte todo se olvide. Solo el olvido no se confiesa. Sobrevivir es un acto de olvido. Necesito pedir perdón por todo lo que olvido y en especial por este olvido constante con lo que me rodea. No se trata de un olvido amnésico, ya que recuerdo lo que olvido. Se trata otra vez de una ontología. Todo resulta demasiado escabroso como para que, además, debamos hacernos cargo de lo que igual nos excede. El problema no es el mundo sino la falsa responsabilidad que enajenamos de creer que nunca moriremos si nos hacemos cargo de todo. ¿Pero qué es hacerse cargo de todo? ¿No es no hacerse cargo de nada? ¿Quién entrará al cielo al final? ¿Aquel que se la pasa lamentándose o aquel que se la pasa haciendo cosas creyendo que de ese modo está haciendo cosas? ¿Aquel que se vomitó encima o aquel que como en ese poema de Baudelaire, regaló la moneda falsa? Sí, la moneda falsa. Esa que entregamos todo el tiempo a todos en el tiempo. Toda confesión es una moneda falsa. Toda moneda es falsa. Toda confesión es una moneda. Pero todo intercambio nunca es honesto y por eso los perros no utilizan monedas. Los perros no se confiesan. Quiero ser un perro. Soy un perro. Confieso que soy un perro. No soy un perro. Espero que algún día alguien me perdone. Espero que algún día pueda perdonarme. Espero que algún día el perdón pueda perdonarme. Soy casi un perro, creo que lo voy a lograr. La palabra definitivamente no sana, sino enferma. La palabra enferma la palabra. Algún día dejaré de hablar. Algún día todo será vómito… 

domingo, 20 de mayo de 2012

LAS 10 TÉCNICAS DE MANIPULACIÓN MEDIATICA. NOAM CHOMSKY

1. La estrategia de la distracción El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. ”Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.
2. Crear problemas y después ofrecer soluciones. Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.
3. La estrategia de la gradualidad. Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.
4. La estrategia de diferir. Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.
5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad. La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver “Armas silenciosas para guerras tranquilas”)”.
6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…
7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposible de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.
8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad. Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…
9. Reforzar la autoculpabilidad. Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se auto desvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!
10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen. En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídos y utilizados por las élites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.
 

martes, 15 de mayo de 2012

NUEVA LEY RAJOY

Ley de Reforma del Congreso de 2011 (enmienda de la Constitución de España)


1. El diputado será asalariado solamente durante su mandato. Y no tendrá jubilación proveniente solamente por el mandato.


2. El diputado contribuirá a la Seguridad Social. Todo el mundo (pasado, presente y futuro) actualmente el fondo de jubilación del Congreso pasará al régimen vigente de la Seguridad Social inmediatamente. El diputado participará de los beneficios dentro del régimen de la Seguridad Social exactamente como todos los demás ciudadanos. El fondo de jubilación no puede ser usado para ninguna otra finalidad.


3. El diputado debe pagar su plan de jubilación, como todos los españoles. 


4. El diputado dejará de votar su propio aumento de salario. 


5. El diputado dejará su seguro actual de salud y participará del mismo sistema de salud que los demás ciudadanos españoles 


6. El diputado debe igualmente cumplir las mismas leyes que el resto de los españoles 


7. Servir en el Congreso es un honor, no una carrera. Los diputados deben cumplir sus mandatos (no más de 2 legislaturas), después irse a casa y buscar empleo.

Peña Nieto, candidato a conveniencia.

El lado oscuro de Enrique Peña Nieto
MÉXICO, D.F. (Proceso).- En los últimos seis años Proceso publicó decenas de reportajes sobre las andanzas del actual candidato presidencial priista, así como en torno a sus alianzas con los poderes político, económico y mediático, con especial énfasis en la construcción totalmente artificial que se ha hecho de su imagen como político. Buena parte de ese material aparece compilado ahora en El lado oscuro de Enrique Peña Nieto, volumen puesto en circulación por editorial Planeta a finales de abril. Las campañas electorales lo trastocan todo. El avasallante bombardeo de publicidad, los promocionales de los partidos y sus candidatos; del árbitro electoral, y aun de los innumerables posts que inundan las redes sociales aceleran los tiempos políticos. Hoy, los contendientes son figuras cotizables en un mercado electoral donde las técnicas del marketing marcan la pauta. Tiempo de vanidades exacerbadas, de dispendio y vacuidad donde lo mismo vale una pifia que un discurso bien estructurado… lo urgente ahora es posicionar al candidato. La realidad política parece estar hipotecada, controlada por ese marketing y por los poderes fácticos, virtuales; son ellos los que manipulan el escenario. Atrás quedó la época en la cual los partidos difundían entre los potenciales votantes sus plataformas y sus militantes lo prometían todo para ganar el voto ciudadano. Pero la construcción de los nuevos iconos políticos llegó para quedarse. Y es en este escenario en el que el priista Enrique Peña Nieto se ha venido cobijando con el apoyo incondicional del consorcio de avenida Chapultepec. Para el conglomerado de Emilio Azcárraga Jean, el mexiquense es el candidato-icono más conveniente: maleable, siempre correcto, ajeno a la confrontación y, acaso lo más rentable en materia política, el consentido del mítico Grupo Atlacomulco que desde mediados del siglo pasado intenta sentar a uno de los suyos en la silla presidencial. Televisa también lleva años trabajando en esa misma dirección con Peña Nieto para colocarlo como el favorito entre el electorado. Él es el “rostro telegénico”, como escribe el reportero Jenaro Villamil en el prólogo del libro El lado oscuro de Enrique Peña Nieto (Planeta, 303 p.), que comenzó a circular a finales de abril. El volumen reúne los trabajos de los reporteros de este semanario que han seguido paso a paso las andanzas del priista, sus padrinos políticos y virtuales, así como sus circunvoluciones políticas durante los últimos seis años. En sus páginas, Proceso ha documentado “la otra cara de la fábula rosa que se promovió en todo el país. Incómodos los reportajes sobre la ‘sombra del narco’ en el Estado de México. Silenciados los documentos que confirmaban la existencia de un ‘Plan de Acción’ de Televisa para llevar a la Presidencia de la República a Enrique Peña Nieto, publicados desde octubre de 2005. Opacos los gastos y las alianzas para lograr la ‘recuperación electoral’ del PRI en la entidad más poblada del país. “Bajo el rostro apuesto de un gobernante joven, telegénico, se encubren las redes del expresidente Carlos Salinas, de la tecnocracia de Ernesto Zedillo, de la operación electoral con Elba Esther Gordillo, así como los beneficios a los grandes capitales privados a través de los 120 mil millones de pesos invertidos en obras públicas incompletas”, escribe Villamil en este libro de imprescindible lectura. En 40 reportajes, Proceso retrata con nitidez al Peña Nieto político, al candidato, al rehén de Televisa y documenta su inocultable ambición por llegar a Los Pinos acompañado por el PRI y sus nuevos aliados, como expone Villamil. Farándula y política Tiene 45 años y una idea fija. Una sola: ganar los comicios presidenciales del próximo 1 de julio. Lleva más de un lustro preparándose para ello. Sin embargo, desde que incursionó en la política mexiquense, apadrinado por Arturo Montiel Rojas, Peña Nieto quedó marcado por el sino de la corrupción, pues trabajó como subcoordinador financiero en la gestión de su tío, de quien tuvo que deslindarse cuando éste se vio inmerso en el escándalo. Apenas llegó al palacio de gobierno mexiquense en 2005, Peña Nieto se acercó a Televisa y, no sin escándalos familiares y políticos –la extraña muerte de su esposa Mónica Pretelini, el irresuelto crimen de la menor Paulette Gebara Farah, la remoción de consejeros del Instituto Electoral del Estado de México en 2009, su visita al Vaticano y su boda con la actriz Angélica Rivera, La Gaviota–, inició su carrera hacia Los Pinos. Tenía sólo unas semanas despachando como gobernador cuando en estas páginas se publicó el reportaje El Plan Televisa, en el que se glosaba el “plan de trabajo” de Peña Nieto con el consorcio de Azcárraga Jean: “Tan sólo durante el primer año –decía el texto del 23 de octubre de 2005–, el erario del Estado de México le destinará a Televisa, a través de TV Promo y Radar, 742 millones de pesos, de los cuales 691 serán para spots y para la ‘compra’ de espacios en noticiarios y en programas de espectáculos. “… Por la parte del gobierno mexiquense, el negociador con Televisa es David López, identificado por Rubén Islas Ramos, representante del PRD ante la autoridad electoral mexiquense, como uno de los tres gestores que negociaron con Televisa el ‘paquete’ de cuatro campañas simultáneas que sirvieron para maquillar el verdadero gasto de Peña Nieto en spots electorales durante la campaña. Los otros dos gestores fueron Otto Granados y Óscar Ignorosa. “… La diferencia es que el proyecto de Peña viene acompañado de un ambicioso plan para prepararlo como candidato presidencial para 2012 y de una sospechosa y escandalosa ruptura con su antecesor, Arturo Montiel, a través de la difusión del escándalo sobre diversos movimientos financieros y compras de bienes raíces que involucran a los hijos y a la esposa del ahora exaspirante priista.” El 14 de enero de 2007 Proceso publicó: “Desde que decidió que la televisora manejara su destino político, a Enrique Peña Nieto se le ve muy activo: su imagen se promueve en casi todos los noticiarios y barras informativas de Televisa: sus obras de gobierno se multiplican en la pantalla, lo mismo que sus recorridos y actos públicos por el Estado de México. La televisora lo sigue por todas partes y no faltan los acercamientos de cámara hasta en los actos deportivos, donde siempre se destaca su mejor perfil”. Tres años después, 30 de mayo de 2010, en el reportaje Una maraña de complicidades, este semanario expuso: “La muerte de la niña Paulette Gebara Farah le generó la peor crisis de opinión pública al gobierno de Enrique Peña Nieto, cuya actuación en el caso, de acuerdo con encuestas de las que Proceso tiene copia, se califica en 80% como ‘mal’ y ‘muy mal’. “… Ni las presiones políticas ni el manejo mediático ni la airada reacción del propio Peña Nieto contra el ‘lucro’ partidista del caso Paulette han borrado las contradicciones de la investigación que encabezó el propio (procurador Arturo) Bazbaz y su subprocurador Alfredo Castillo Cervantes, señalado por la prensa local como autor de la teoría del ‘accidente’ y encargado del despacho desde la renuncia de Bazbaz el martes 25 de mayo de 2005. Meses atrás, posicionado el PRI mexiquense en unas elecciones en las cuales Eruviel Ávila retuvo la gubernatura para su partido que, como en los viejos tiempos, se quedó con 37 de los 40 distritos federales electorales, Proceso incluyó el reportaje Todo y todos con el delfín, en su edición del 12 de julio de 2009: “Y ahora que los resultados vuelven a posicionar a este partido ante el electorado, Arturo Montiel, Emilio Chuayffet, César Camacho, Alfredo del Mazo e Ignacio Pichardo, quienes se reúnen cada mes con Enrique Peña Nieto, el delfín del Grupo Atlacomulco, promueven, de la mano de Televisa, al mandatario estatal, al que consideran el ‘mejor candidato presidencial’ de su partido para 2012. “Los cinco (exgobernadores) movilizan ya recursos económicos y logísticos para recuperar el control político de la entidad y ganar la Presidencia de la República, una de las obsesiones de la clase política mexiquense. “‘Desde Adolfo López Mateos no hemos vuelto a tener otro presidente’, dice Arturo Montiel a sus allegados.” “Marketing”, mafias y otras cosas Frente a está farándula mediática y de alianzas políticas a modo, El lado oscuro… incluye el reportaje Saldos del trueque, publicado por este semanario el 31 de julio de 2011 y que resulta central porque expone las falacias del proyecto peñanietista y desenmascara a turiferarios, como Vicente Fox, que cada día observan la política con diferente color. Basado en una entrevista con Rubén Mendoza Ayala, el texto recoge revelaciones que ayudan a comprender los entresijos del poder y los acuerdos palaciegos: “Entre el gobierno de Vicente Fox y el PRI hubo un ‘acuerdo cupular’ para garantizar el triunfo de Enrique Peña Nieto en el Estado de México, a cambio de que el PAN ganara los comicios presidenciales de 2006”, asegura el excandidato panista a la gubernatura mexiquense en 2005, Rubén Mendoza Ayala: “A seis años de distancia, tras las recientes declaraciones de Fox a favor de Enrique Peña Nieto, Mendoza Ayala concluye en entrevista con Proceso que el presidente y su esposa, Marta Sahagún, ‘estaban amarrados con Arturo Montiel a través de la venta de leche y de los negocios de los hijos’ de ella. No le sorprenden las declaraciones del exmandatario panista realizadas en junio de 2011 al periódico puertorriqueño Nuevo Diario. Fox dijo que era inminente el retorno del PRI a la Presidencia y afirmó que ‘hay una nueva generación de priistas cuyos miembros crecieron en un ambiente democrático. Enrique Peña Nieto –puntualizó– pertenece a esa generación. “… ‘Que nadie se equivoque: hay una mafia política y económica que no ha podido ser superada y que administra el país. Simplemente utilizaron al PAN como vehículo, lo hicieron a su modo y ahora ya no les sirve para nada. El costo lo va a tener el PAN forever and ever. El único partido que se medio salvó, y digo medio, es el PRD’, reflexiona. “–¿Por qué elige esa mafia a Peña Nieto? “–Porque es maleable. ¿Cuáles son sus logros? Sus indicadores son terribles; creció el desempleo y el subempleo, hay más inseguridad. A él lo quieren como un buen administrador. Él se opone a las candidaturas ciudadanas diciendo que existe el riesgo de que el narcotráfico las financie. ¡Por favor!” En esta época de reacomodos y revanchismos, impotente el panismo para resolver los innumerables problemas nacionales que ha detonado –violencia sistémica, 60 mil muertes en la inútil guerra contra el narco, asesinato de periodistas, entre ellos el de Regina Martínez Pérez, corresponsal de Proceso en Veracruz–, Peña Nieto se erige como el candidato conveniente para el establishment político, la élite económica y los poderes fácticos. Es él quien les garantiza el retorno del PRI a Los Pinos para que los tecnócratas de ese partido encabezados por el expresidente Carlos Salinas escriban el que quizá sea el último capítulo del neoliberalismo. Y aunque Peña Nieto aparente estar rodeado de sus Golden Boys, los verdaderos cerebros que están detrás de él son los salinistas José María Córboba Montoya, Pedro Aspe Armella y Santiago Levy (Proceso 1851). Ya se vio en el debate del domingo 6 cómo se comporta el aspirante priista, quien maneja datos falsos pero no aporta ideas ni propuestas concretas. Y así seguirá en lo que resta de la campaña electoral. Hasta ahora y aun cuando sus asesores se afanan en posicionarlo como el político moderno de los “compromisos cumplidos”, su imagen no acaba de ser aceptada en las redes sociales, esa esfera que cada vez cobra más relevancia política entre los jóvenes, sobre todo entre los primovotantes. Quizás esa sea una de las debilidades más notables en Peña Nieto, quien se ha mostrado poco hábil para manejarse en ese ámbito. A ello se debe que en la última semana haya sido más estridente el eco informativo que el propio debate. Hoy, los intelectuales cercanos a Televisa y aun los que trabajan para ella –de manera notable Héctor Aguilar Camín– insisten en posicionar al mexiquense y en descalificar a los críticos del candidato priista. Y mientras esto sucede, conviene repasar la historia reciente que ofrece el libro El lado oscuro de Enrique Peña Nieto, publicado por Planeta en su colección Temas de Hoy. REVISTA PROCESO TOMÁS DOMÍNGUEZ 15 DE MAYO DE 2012 · SIN COMENTARIOS REPORTAJE ESPECIAL

lunes, 16 de abril de 2012

Drogas en la Cumbre

Entre fanfarrias de gloria los países americanos sepultaron ayer en Cartagena de Indias el cadáver de cuatro décadas de lucha contra las drogas. El presidente Barack Obama, de Estados Unidos, quiso darle un carácter festivo al velorio proclamando antier, 14 de abril, Día Panamericano, y ya encarrerado decidió panamericanizar toda la semana con la promesa de su compromiso y el “orgullo de celebrar este legado de asociación internacional… renovaremos los lazos de amistad y responsabilidad que nos unen con un propósito común”. Veterano testigo de todas las cumbres latinoamericanas, sus palabras me recuerdan la primera, julio de 1956 en Panamá, donde su antecesor Dwigh Eisenhower, escoltado por John Foster Dulles, secretario de Estado, se juntó con colegas tan distinguidos como Fulgencio Batista, Héctor Bienvenido Trujillo, Carlos Castillo Armas, Alfredo Stroessner y otros ejemplares de esa fauna que parecía en peligro de extinción, adornada como cereza del pastel por Tacho Somoza el viejo, cuatro meses antes de su asesinato, a quien le oí defender “los sagrados principios de libertad y democracia que nos son comunes”. Tal cinismo dejó pasmados a Juscelino Kubitschek, Pepe Figueres y Adolfo Ruiz Cortines, democráticas excepciones en la mezcolanza de tiranías, repúblicas bananeras y retórica tropical presagiosa de la realidad mágica, pálido producto de la imaginación ante la verdad histórica. Este fin de semana, casi seis décadas después, 33 jefes de Estado, 10 más que entonces,extendieron el certificado de defunción de la guerra antidrogas y examinaron la posibilidad de legalizar algunas, empezando por la mariguana y la cocaína, con la idea de preparar una propuesta ante Naciones Unidas para cambiar la estrategia fallida y buscar otros escenarios más eficaces, por lo menos con mayores posibilidades de vencer al enemigo. O de aprender a vivir con él. Mi experiencia no me permite abrigar la mínima esperanza de un acuerdo práctico. Tantos generales no sirven para sacar a un buey de la barranca. La vistosa tribuna y las relumbrosas personalidades obligadas a escucharse unas a otras, son influencias propicias a la trivialidad de la frase rimbombante y hueca. En el mejor de los casos son oportunidades de llevar agua a su molino, poses explotables en el enanismo de la política regional donde un “yo le dije a Barack” todavía apantalla a los adictos a las telenovelas. Al amparo del desorden provocado por un aguacero torrencial me colé ese día al segundo piso del Palacio de las Garzas. En uno de sus salones todos los jefes de Estado clausuraban los trabajos firmando un documento que pasaba de mano en mano. En realidad sumaban 23 los documentos iguales que no alcanzábamos a ver con detalle mientras circulaban y se iban llenando de firmas. Corrió el rumor de que eran pergaminos donde se contenía la esperada Declaración de Panamá 1956, texto en que las generaciones venideras habrían de refrescar por los siglos de los siglos sus convicciones de justicia y libertad. Cuando el carrusel detuvo su giro las plumas se ofrecieron como regalo para museo, los firmantes se dieron la mano y estalló un gran aplauso con el que se felicitaban a sí mismos por el éxito de sus desvelos. Fue entonces cuando, aprovechando el descuido de los jerarcas, algunos periodistas logramos ver de cerca lo firmado. Eran planillas de timbres de correo, colecciones de las estampillas que el gobierno panameño había puesto a la venta en recuerdo de la junta, un gracioso souvenir con autógrafos que, de regreso a casa, los agasajados regalarían a sus esposas o a los niños siempre tercos en el qué me trajiste, papá. Fue lo único firmado en esa reunión continental, evocadora, como insistieron los discursos, de la primera vez en que Simón Bolívar soñó el sueño de la unidad americana. Escribo este Bucareli poco antes del cierre de la junta de Cartagena de Indias; ignoro los acuerdos alcanzados por tan conspicuos concurrentes, pero no les envidio las utilidades. Mientras el mayor consumidor de las drogas sea al mismo tiempo el gran proveedor de armas para los traficantes, poco o nada se logrará de esta y todas las juntas futuras. Los 50 mil muertos, 70 mil desaparecidos, 500 mil desplazados y más de cien millones de los demás mexicanos, empobrecidos y asustados, irán acostumbrándose a las ejecuciones colectivas, asesinatos de inocentes, decapitación y descuartizamiento de familias enteras, como si eso fuera la forma de vida normal. De tanto esfuerzo desperdiciado rescatamos la belleza del sitio escogido, Cartagena de Indias. Me apunto para la próxima reunión si es en Río de Janeiro. Propongo el Centro Histórico de la Ciudad de México, cada vez más hermoso. Y me queda más cerca. Jacobo Zabludovsky

sábado, 7 de abril de 2012

México, ¿Estado laico?

En estos días se debate mucho acerca de la visita papal junto con la reciente aprobación de la reforma al artículo 24 Constitucional que algunos dicen ha sido hecha “a modo” de la iglesia católica. Muchas de estas afirmaciones han sido hechas sin conocimiento de causa más para generar especulaciones que para aportar propuestas o soluciones. ¿Qué es lo que la reforma plantea? Antes que nada, cabe señalar que aún no es una reforma constitucional, se trata de una minuta aprobada por la Cámara de Diputados y que para ser una realidad debe ser aprobada por el Senado y más tarde por más de la mitad de los Estados de la República. La reforma en sí misma contiene aspectos que son muy positivos como lo es la libertad de convicciones éticas, de conciencia y de religión. Este aspecto es muy importante y poco se ha hablado del mismo: la libertad de conciencia. Con esta libertad se permitiría disentir de aquellas convicciones morales o religiosas frente a las que uno puede no está de acuerdo y, dentro del respeto a los derechos de los demás. La libertad de conciencia permitiría, por ejemplo, no hacer el servicio militar a alguien para quién la paz es un valor absoluto y por tanto, está en desacuerdo a prepararse en el uso de las armas o bien, a aquellos médicos para los que un aborto es contrario a sus valores morales. Como se aprecia, es una libertad muy importante que se funda en las concepciones morales de cada persona. Además, la reforma en comento señala el derecho tanto a tener como a no tener religión al señalarse que el Congreso no podrá dictar leyes que establezcan o prohíban religión alguna. Lo controvertido, en todo caso, de la reforma es que habilita la celebración de actos religiosos tanto en público como en privado (sujetándose a una ley reglamentaria) y esto es algo que ya existía al menos en los hechos, pero no jurídicamente dado que esto se encontraba prohibido. Las celebraciones públicas de actos religiosos se encuentran prohibidas actualmente en nuestro país ante el supuesto “laicismo” del Estado pero los hechos contrastan con esta prohibición legal y además, nos dan cuenta de que nuestro Estado, aunque jurídicamente es laico, se inclina por la religión mayoritaria de la población y esto resulta a todas luces injusto para las demás religiones profesada en nuestro país. Tan sólo apreciemos la gran importancia que se le da al Cardenal de México en sus declaraciones y que son transmitidas por todos los medios de comunicación y su amplio espectro de influencia entre la población. Por si fuera poco, las festividades de la religión católica también se convierten en días de asueto nacionales como la Semana Santa, el 12 de diciembre y el 24 de diciembre. Estas son fechas de la mayor importancia para los católicos y que el Estado ha hecho suyas declarándolas días de descanso nacional. No obstante, no ocurre así con las demás festividades de otras religiosas como el mes del Ramadán de la religión musulmana o el “Shabbath” que es el día de descanso judío. Por si fuera poco, hemos presenciado con descaro como los últimos gobiernos de México han demostrado su desprecio para con las religiones minoritarias y su entrega hacía el catolicismo, basta apreciar el evento tan recordado donde el ex presidente Vicente Fox se inclina y besa el anillo del Papa Juan Pablo II. No se trata de criticar a la religión católica sino de formar un Estado realmente laico en donde la religión no interfiera con los asuntos políticos y en donde el Estado no se incline en la defensa y promoción de una determinada religión. La religión constituye uno de los derechos fundamentales de los individuos y la libertad de creencias ha sido una de las grandes conquistas que a costa de sangre, esfuerzos y sufrimientos ha conseguido la humanidad. No fueron pocos los que dieron su vida por un Estado en donde la religión no constituyera el centro determinante de todas las decisiones, por hombres como Juárez podemos hoy discernir sobre múltiples aspectos entre las religiones y vivir en una sociedad inclusiva donde profesar o no una determinada religión no constituya una característica determinante para catalogar a alguien como mejor o peor. La religión es la manifestación de una determinada cultura, por tanto, las distintas religiones representan la gran cantidad de manifestaciones culturales existentes. Si algún valor tiene la libertad de creencias, como derecho humano, es el reconocimiento de la infinita cantidad de religiones existentes y el igual valor de las mismas. En la libertad de creencias lo que se protege es precisamente lo diverso y lo que se garantiza es que tanto lo que yo pienso, o en lo que yo creo tenga el mismo valor que lo que piensa o en lo que cree otra persona y esto resulta ser de una importancia fundamental pues nos habla de una concepción multicultural de los derechos humanos en donde todo lo distinto puede tener cabida y sin que una concepción se imponga sobre la otra, garantizando el igual valor de las diferencias de identidades traducidas en la diversidad de las personas y sus culturas. Por Mario Smith.